Aitor Lagunas - Berlin

Con una bandera tricolor, un mapa de la ex provincia y seis estrellas que recuerdan a la UE, los kosovares se escinden de Serbia por primera vez en su historia. Hoy los 27 se reúnen sin una postura unánime.

El himno todavía no se ha aprobado. Mientras tanto, la Orquesta Filarmónica interpretará el himno europeo, la «Oda a la Alegría» de Beethoven

Para el dramaturgo y profesor en la Universidad de Pristina Fadil Hysaj, la de ayer constituyó una jornada especialmente liberadora. Durante los últimos meses, pesó sobre sus espaldas la responsabilidad de dotar a Kosovo de una bandera propia que reparase esas pequeñas contrariedades reservadas a quien se lanza a la independencia sin el abrigo de los libros de historia: la provincia serbia, que nunca antes había gozado del rango de Estado, estaba a punto de declararse soberana pero no tenía símbolos nacionales con los que festejarlo.
El hito por el que tanto suspiraba la comunidad musulmana de Kosovo (dos millones, frente a unos cien mil serbios) se celebró ayer entre las águilas bicéfalas de Albania y las «barras y estrellas» de Estados Unidos, a quienes muchos agradecían la secesión. El parlamento kosovar, que se reunió siendo regional a primera hora de la tarde, levantó su sesión dominical transformado en expresión de «un estado democrático, libre e independiente», según las ufanas palabras del presidente de la cámara, Jakup Krasniqi.

«Nación libre y democrática»

Sus 109 diputados asintieron ante la propuesta independentista del primer ministro, Hashim Thaci, mientras fuera se desataba un multitudinario festejo popular con disparos al aire incluídos. «Nunca perdimos la confianza en nosotros mismos ni la convicción de que en un día seríamos parte de las naciones libres y democráticas», subrayaba Thaci antes de proclamar que «todos los kosovares, sin distinción de etnia, serán ciudadanos iguales».
El profesor Hysaj respiró por fin tranquilo poco después, cuando un funcionario del neonato Estado extendió un trozo de tela azul con la silueta de Kosovo en amarillo bajo seis estrellas blancas. «Me conformaré con que nadie le tire piedras» declaró Hysaj con cautela.
La nueva enseña oficial no ocultará, empero, la dualidad étnica del país: la minoría ortodoxa seguirá ondeando la bandera de Serbia y, la mayoría musulmana, la de Albania. Con este último país compartirá Kosovo, con más de un 40 por ciento de paro y severos problemas de abastecimiento eléctrico, el carácter de país más pobre del continente. En ese sentido, las seis estrellas de la bandera de Hysaj encierran, además de un agradecimiento a la Unión Europea por su protección, un mensaje: la economía de la zona dependerá durante algunos años de las ayudas comunitarias.
Ayer se agotó una cuenta atrás, la de la declaración unilateral de independencia, pero se activaron otras. La de los 120 días que tardará en consolidarse de forma efectiva la secesión, por ejemplo, mientras se implanta la misión civil enviada por Bruselas. También la que marque -a partir de hoy- el goteo de reconocimientos diplomáticos, liderados por Estados Unidos, Alemania o Reino Unido. Y una tercera, vinculada con la respuesta de Serbia, cuyo recién reelegido presidente, Boris Tadic, declaró ayer: «Nunca reconoceremos la independencia de Kosovo». Por su parte, Rusia exigió, como hermana mayor de Belgrado, la anulación de la emancipación. Además, las autoridades rusas solicitaron una reunión de carácter urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Fuente: La Razón, 18/02/08