Las protestas masivas de las últimas semanas en Myanmar están siendo aplastadas mediante una combinación de fuerte presencia militar en las calles, graves violaciones de derechos humanos y detenciones masivas. En todas las esquinas de las calles de Yangon –principal centro de las protestas– son visibles un elevado número de soldados, y el miedo es generalizado.

Según informes, ya han muerto al menos diez personas durante la represión, aunque se teme que las cifras pueden ser muy superiores. Asimismo se ha golpeado a monjes budistas y se ha detenido a miles de manifestantes pacíficos. Estas nuevas violaciones se suman a la supresión de los derechos humanos endémica en el país.

Es necesario que condenemos enérgicamente las graves violaciones que se están cometiendo y que exijamos el cese inmediato de la represión violenta de las manifestaciones pacíficas.

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