Hace 15 años y, consciente de su que su economía le impedía hacer frente a la factura de la luz, el municipio austríaco de Gussing ordenó que todos sus edificios públicos dejaran de usar combustibles fósiles.

Dicho y hecho. Peter Vadasz, de 63 años, acababa de ser elegido nuevo alcalde del pueblo y no estaba dispuesto a pagar € 6 millones anuales en electricidad. Se puso en contacto con Rheinhard Koch, un ingeniero en electrónica, y le comentó sus inquietudes: quería que evaluase la ciudad para ver si podía subsistir gracias a sus recursos naturales.

Ese mismo año, en 1992, construyó una red de energía basada en una planta de generación que utilizaba la combustión producida por la madera, dando abastecimiento, en un principio, a sólo 27 hogares.

Algo más tarde empezaron a usar un combustible para coches hecho a base de semilla de colza. Ya en 1996, consiguieron generar electricidad suficiente como para expandirse por otras ciudades.

Dos años más tarde, y gracias a los descubrimientos del científico Hermann Hofbauer, se inició la producción de un combustible basado en la madera o biomasa. Estos y otros muchos avances ha reducido la contaminación en un 93 por ciento desde 1995.

Este tipo de iniciativas deben ser, según el alcalde, la prioridad superior de alguien que entra en política en cualquier parte del mundo , señala orgulloso mientras termina: la gente aquí se siente menos vulnerable porque saben que se abastecen de energías renovables que ellos producen y no dependen de las importaciones , dijo en declaraciones a Bloomberg.

Desde aquel año se ha transformado en una de las ciudades más verdes del mundo y la Nº1 en Europa.

Y es que la Agencia de Medio Ambiente europea, ha dicho, mediante su portavoz Brendan Killeer, que desconocen de la existencia en todo el área comunitaria de ningún otro municipio que haya alcanzado una reducción en las emisiones de carbón tan impresionante como las de Gussing. Pero la transformación no concluye ahí.

En la ciudad existen actualmente cerca de 50 empresas que se dedican a la producción de energías renovables y que han generado más de 1000 empleos.

De hecho, anualmente Gussing genera 22 megavatios por hora al año logrando, incluso, un excedente de 8 megavatios que vende a la red nacional y le permiten ingresar € 4,7 millones y alcanzar € 500.000 anuales de beneficios que pueden ser reinvertidos en nuevos proyectos de energía alternativa.

Hasta los años 90, Gussing basaba su economía en la agricultura, especialmente la producción de maíz, el aceite de girasol y la madera. Junto a ella, el turismo era la mayor atracción del pueblo gracias al castillo que nobles de Hungría construyeron en el siglo 12.

Ambas ocupaciones son reexplotadas hoy pero siempre filtradas por la óptica de lo ecológico. Así, son muchos los granjeros del lugar que se han lanzado a la venta de verduras orgánicas.

Otros, han descubierto el dinero en el turismo. Es el caso de Elisabeth Astl propietaria del único hotel de Gussing, Sporthotel Aktivpark. Dispone de 30 habitaciones con todo lujo de comodidades.

Pero tanto la luz como la calefacción proceden de las energías renovables. Y es que no hay nadie en el pueblo que se resista a usarlas.

Aunque todo los lugareños e, incluso los expertos en medio ambiente, coinciden en lo bien que se están haciendo las cosas, el sacerdote franciscano Rafael Rindler, no se cansa de repetir, según dijo a Bloomberg, la necesidad de que Gussing proteja los bosques que la rodean para mantener el suministro de energía.

La gente da por sentado que los bosques van a ser para siempre al igual que ocurrió con el petróleo hace 50 años . Pero su optimismo vuelve cuando se le recuerda el futuro, con la energía solar que empezará a producir en 2008 tras una planta valorada en € 50 millones.

Fuente: EcolopisXXI

Fuente: Boletin Ambientum, 4/9/07