MADRID
Al Gore es un político que genera pasiones y rechazos. Carisma y liderazgo, resaltan de él sus seguidores; oportunismo y su pasado político al frente del país más contaminante son los dos argumentos que esgrimen sus detractores. Pero ¿quién es en realidad este político que se quedó a las puertas de la Casa Blanca y saltó a la fama por un documental? Según Juan Negrillo, el único español que forma parte del equipo elegido por Gore para difundir su ecológico mensaje, es una persona con «gran humanidad, determinación y carisma». Los que ven al ex vicepresidente como un oportunista le achacan, principalmente, que cuando tuvo la oportunidad de conseguir que el país más emisor de CO2 de todo el planeta se comprometiera con los baremos fijados en Kioto, no lo hizo. «Él fue el encargado de negociar Kioto por parte de los EE UU. El problema que encontró es que el Senado, dominado por la mayoría republicana, vetó cualquier iniciativa en este aspecto. Además, en el momento de adherirse al protocolo era ya George W. Bush el presidente», recuerda Juan Negrillo. La siguiente polémica llegó por los periódicos, que reflejaron la alta factura de luz que el ex vicepresidente pagaba por su impresionante casa de Nashville (Tennessee). Según los cálculos del Center for Policy Research de Tennessee, la casa de Al Gore consumió durante el año pasado 221.000 kilovatios/hora de electricidad, lo que supone un recibo de la luz aproximado de 1.026 euros mensuales, más cargos adicionales por concepto de gas natural de 815 euros al mes. Los detractores atacaron y señalaron que no predicaba con el ejemplo. Él se defendió explicando que usaba energía verde, que es más cara y proviene de fuentes renovables. Además, hasta este año, Tennessee no permitía colocar placas solares en los tejados de las casas. Sea como fuere, es un personaje polémico que se interesó por el medio ambiente en la universidad y que tras un atropello de su hijo, que se le escapó de las manos, decidió implicarse con la aldea global. Sin embargo, un alto cargo del Ayuntamiento de Madrid, tras escuchar la conferencia que dio en la capital, la definió así : «Nos ha soltado un sermón, no una conferencia».
Fuente: La Razón, 7/6/07
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