Uno de los íconos de los años 80 tenía forma de chapa. En ella un átomo sonriente se daba la mano con el sol bajo la inscripción: '¿Nuclear?, no gracias'. En España, los primeros ecologistas predicaban contra este tipo de energía y los políticos progresistas arengaban a las masas contra la instalación de centrales en el país. Los debates entre partidarios y contrarios se sucedían casi siempre con el favor del público hacia estos últimos. La energía nuclear se presentaba como algo muy costoso y, sobre todo, peligroso que generaba unos residuos altamente contaminantes a largo plazo.

Uno de estos debates se repitió ayer en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cantabria. Francisco Castejón, doctor en Ciencias Físicas y miembro de de Ecologistas en Acción, y Enrique González, director de la División de Fisión Nuclear del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) expusieron sus posturas sobre el papel que debe jugar la energía nuclear en la producción de la energía.

La sesión estuvo moderada por Ernesto Anabitarte, decano de la Facultad y fue seguido por un numeroso público que, según se pudo comprobar en las intervenciones del posterior debate, apoyó la energía nuclear como una forma limpia de generar electricidad sin producir emisiones de gases de efecto invernadero.

Abrió el debate Enrique González que no dudó en asegurar que «la energía nuclear es un diablo necesario». Para este ponente, el brutal crecimiento de la demanda energética que se espera en los próximos años y, sobre todo, el retraso que lleva España para cumplir sus compromisos firmados en el Protocolo de Kioto hacen mirar a la energía nuclear como una solución para garantizar un buen nivel de vida a la sociedad.

«Ninguna fuente energética es perfecta y todas tienen efectos perturbadores para el Medio Ambiente, sobre todo, usados de forma masiva», dijo.

En defensa de la energía nuclear, González aseguró que todavía no se han desarrollado todas sus posibilidades. Hizo un gran hincapié en lo «respetuosa» que es esta fuente energética con el medio ambiente. También destacó lo barata que resulta respecto a otras energías como el gas y el carbón y, sobre todo, recalcó su seguridad, pues, según señaló, los residuos de alta actividad se almacenan en piscinas especiales que han pasado rigurosos controles.

«Otra de las ventajas es que la percepción pública va cambiando. Las últimas encuestas revelan que la sociedad es más partidaria que antes de esta alternativa energética que promueve el ahorro y que se puede considerar una fuente de energía madura poco contaminante», afirmó.

Seguro y contundente en su exposición, Enrique González, no concretó qué va a pasar con los residuos radiactivos almacenados pese a que reconoció que eran uno de los aspectos negativos de esta energía.

«No es la solución»

Para Francisco Castejón la nuclear no es la solución a los problemas energéticos que sufre el planeta. Coincidió con González en que hace falta buscar alternativas al petróleo, al gas y al carbón y apostó por la fusión, el hidrógeno y la captura del CO2 antes que la energía nuclear.

El ecologista, que también es doctor en Física, aseguró que España es un país «petrolífero» y que el 52 por ciento de la energía que se utiliza es petróleo para los transportes y la industria. «La energía nuclear no puede sustituir al petróleo sin un mayor desarrollo tecnológico», dijo. También señaló que desde el accidente de Chernobil, en 1986, ha habido un estancamiento en la producción nuclear y recordó que todavía no se ha resuelto qué se debe hacer con los residuos radioactivos. «No estaría bien que dejásemos este problema a las generaciones futuras», dijo.

El ponente reconoció que se ha avanzado en sistemas de seguridad «en parte por la labor desarrollada por los grupos ecologistas» pero dijo que había que tener en cuenta una serie de factores exógenos que pueden acarrear un gran peligro. «No debemos olvidar los errores humanos y en Chernobil los hubo. Tampoco debemos perder de vista posibles ataques terroristas. De hecho, desde los atentados del 11-S se han incrementado las medidas de seguridad». Castejón también expuso que «aunque el riesgo de que vuelva a pasar una tragedia como la de Chernobil es mínimo, sus consecuencias han sido tan dramáticas que debemos reflexionar y rasgarnos las vestiduras antes de apostar por esta solución habiendo otras menos peligrosas».

Eso sí, el ecologista reconoció algo que nunca hubiera dicho hace 30 años. «Yo antes hubiera pedido el cierre de las centrales para mañana mismo. Ahora creo que se debe dar un plazo de 20 años para su desmantelamiento».

Coloquio

Tras las exposiciones el público tuvo la palabra. Los asistentes, en su mayoría profesores e investigadores de la facultad no quedaron muy convencidos con la exposición de Castejón. Dudaron principalmente de la efectividad de las otras fuentes energéticas alternativas (sobre todo la fusión) y le pidieron un poco más de confianza en los científicos. Hubo uno que hasta recordó a un político que en los 80 pedía el cierre de las centrales y posteriormente siendo ministro apoyaba esta alternativa en Europa. «Fue Almunia -dijo Castejón-pero no se porqué cambió de idea».