Itziar Elizondo. e-leusis.net

68 mujeres muertas a manos de sus (ex)parejas en 2006 y esta catástrofe colectiva apenas provoca lo que se ha dado en denominar “alarma social”. En la última encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas, en noviembre de 2006, la violencia contra las mujeres ocupaba uno de los últimos puestos en la preocupación de las y los ciudadanos.

Sin embargo la inmigración, que repercute positivamente en la economía, se contempla como uno de los principales “problemas” junto con el paro que, por cierto, en el Estado español constituye básicamente una realidad que afecta a las mujeres. La violencia de género se sigue contemplando como un asunto privado cuando en realidad tiene un hondo calado político. ¿Se imaginan si en vez de 68 muertas fueran 68 víctimas del terrorismo? Y nadie puede poner en duda que estas mujeres han muerto porque se atrevieron a vivir en libertad, a conquistar su ciudadanía como personas con plenos derechos. Detrás de estas muertes se produce una compleja dialéctica de poder asentada en siglos y siglos de cultura patriarcal. Disponemos de una buena ley aunque los mecanismos de protección no están lo suficientemente perfeccionados. Los medios de comunicación informan puntualmente sobre la cuestión aunque en la mayoría de las ocasiones desde una óptica sensacionalista. Entonces, ¿por qué tantas muertas? Mientras la sociedad siga observando el problema como algo que afecta a “algunas mujeres” y siga habiendo tantos hombres con una voluntad manifiesta de matar tardaremos en acabar con esta forma de terrorismo. De ahí la importancia de crear entre todas y todos una cultura de la igualdad que cree nuevas relaciones privadas y sociales entre mujeres y hombres. Mientras persista la desigualdad y la minusvaloración simbólica de lo femenino seguirá habiendo víctimas. Y ellas seguirán siendo nuestras víctimas, las de toda la sociedad, aunque no produzcan, para vergüenza de todas y todos, “alarma social”.

Fuente: La Ciudad de las Mujeres en la Red, 15/1/07

Comentario

Cierto es, la sociedad estará más concienciada pero no lo suficiente. Especialmente las generaciones más jóvenes, las que han vivido con mayor grado de libertad que sus madres o abuelas.

El otro día en una entrevista de trabajo estuve con una chica joven, quien se había quedado embarazada, y por lo visto su novio cada vez que la veía hacer determinadas cosas, la daba un manotazo, a mí me pareció grave, para ella era totalmente normal. Hay cosas que no hay que consentir ni una sola vez!!.