M. J. PÉREZ-BARCO - MADRID
Romper señales de tráfico, farolas o cabinas telefónicas; conducir bajo los efectos del alcohol o con exceso de velocidad por las ciudades; enfrentarse agresivamente con la policía, o emborracharse o fumar porros en público son algunos de los comportamientos violentos que justifica uno de cada diez (10,9%) jóvenes de entre 15 y 24 años. Es decir, una parte de la juventud española legitima los actos vandálicos contra la sociedad, quizá porque ellos mismos confiesan que se sienten fuera de ella.
Desde luego, ellos no son los más numerosos, pero existen: se trata sobre todo de chicos, con 23 y 24 años, que estudian o trabajan y que suelen vivir solos o con amigos. Se han convertido en grandes bebedores de alcohol y en los mayores consumidores de todo tipo de drogas, excepto de cannabis. De hecho, el 8% de estos jóvenes toman cocaína todos los fines de semana y hasta todos los días.
Desdén por la familia
Pero presentan un perfil que tiene todavía mucho más calado: sienten desdén por la familia, de hecho acostumbran a llevarse mal con los padres; no les importa el dinero, ni el trabajo, ni una profesión de futuro, y mucho menos cuestiones como la moral, la dignidad o tener muchos amigos. Y si esos asuntos más transcendentales no despiertan su interés, menos aún lo hacen otras cuestiones como la moda o ir de fiesta.
En el fondo, se sienten infelices y con un tremendo aburrimiento vital. Tal vez por ello muestran grandes lagunas de civismo. Por ejemplo, son más insolidarios porque justifican el hecho de explotar a un inmigrante en el trabajo. Además presentan grandes dosis de machismo, ya que reducirían los apoyos a las mujeres maltratadas. El resultado de todo ello es que se identifican mucho más que otros jóvenes con iconos nazis y del movimiento «okupa». No es de extrañar que dentro de este grupo se incluyan los agresores que protagonizan los casos de violencia en los colegios.
Este nuevo perfil de joven es una de las más reveladoras conclusiones que se exponen en el estudio «Jóvenes, valores y drogas», realizado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas y la Obra Social de Caja Madrid. En la rueda de prensa, uno de sus directores, el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, Javier Elzo, reconoció que el número de jóvenes que pertenece a este grupo es «ciertamente alto», sin embargo explicó que «no son más que en otros países europeos».
La radiografía que sobre la juventud española muestra el estudio resulta mucho más esperanzadora, aunque exista ese grupo que justifica los actos vandálicos. Tres de cada diez jóvenes (32,6%) aceptan las normas y están interesados por causas solidarias. Otros son más retraídos (21,4%) y se aislan por comodidad, rechazando los compromisos. Los hay hedonistas y consumistas (19,7%) que buscan sólo divertirse. Mientras nace un grupo «alternativo» comprometido con lo público y solidario.
Pero por muy diversos y variopintos que parezcan, entre los jóvenes españoles hay un icono rey que casi todos señalan para identificar a su generación: el dinero.
Fuente: ABC, 21/12/06


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