Hace tiempo que los españoles se esfuerzan por dejar el segundo puesto. Su integración en la Comunidad Económica Europea no tenía más objetivo que desmarcarse de los países que iban en el vagón de cola del desarrollo y la modernización en el ámbito europeo. España no quería figurar junto con Portugal y Grecia, y aspiraba más bien a integrarse al lado de Francia, ! Alemania o Inglaterra.

Nadie duda del espectacular crecimiento económico que España ha experimentado en la última década. Cualquiera que viaje por la España de interior verá sin duda la mejora en infraestructuras, servicios, etc. Eso por no hablar del crecimiento en el ámbito de la especialización diversa, señal de una economía dinámica y viva: tenemos biólogos marinos, oceanógrafos, especialistas en biodiversidad, biogenética, trabajadores sociales, logopedas, animadores culturales, actores, etc. O sea, que España puede permitirse tener especializaciones de todo tipo, y trabajos que tienen que ver con el consumo de ocio y la diversión.

Pero hete aquí que, cuando más contentos estábamos de nuestro desarrollo económico, ya a punto de regir los destinos de Europa, llega un comisionado de la ONU para decirnos que, en tema de vivienda, somos un país tercermundista, o sea, que nuestro mercado inmobiliario se parece más bien a una verdadera "merienda de negros", como diría Evelyn Waugh .

Un 25% de la población no puede acceder a una vivienda digna. La gente ha hipotecado incluso a los hijos que no tiene. La especulación en el mundo inmobiliario se ha disparado hasta cuotas inimaginables, por no decir la corrupción inmobiliaria que, visto lo que ocurre en casi todos los ayuntamientos de la Península, no le sigue de lejos, ni es un "tema costero". O sea, que este país crece, en cuanto al ladrillo se refiere, al ritmo de la China, lo cual está permitiendo a muchos hacerse de oro sin tener que ingeniárselas mucho, ni crear ninguna riqueza adicional.

Evidentemente no hablamos de todos los miembros del gremio de la construcción. Las culpas nunca son gremiales sino individuales. Sabemos que hay arquitectos, constructores e inversores que intentan mejorar las condiciones de vivienda, sus prestaciones, el entorno urbanístico, el respeto por el medio ambiente. La vivienda es un bien básico. Aquel que configura el hogar, la casa, que, como decían Heidegger y Lévinas , es el espacio de la humanización, de la protección y del cuidado de los seres. No hay mayor signo de miseria moral y espiritual que hacer del hogar y de la casa humanos el centro de la especulación y la corrupción.

Fuente: Diario de Córdoba, 6/12/06