EL SALVADOR: EQUIPO MAÍZ, EDUCACIÓN POPULAR POR LA JUSTICIA SOCIAL
Jacobo Rivero / Redacción
Entre 1980 y 1992 El Salvador vivió una guerra que enfrentó a la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), en el poder, contra la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Los acuerdos de paz en Chapultepec (México) terminaron con un conflicto que no resolvió las diferencias sociales.
DIAGONAL: ¿Qué es el Equipo Maíz?
EQUIPO MAÍZ: La experiencia comenzó en 1983, con mucha esperanza, mucho entusiasmo y ganas de aportar alegría, un empujón a una realidad tan triste y dura como el tiempo de la guerra de los años ‘80. Trabajábamos al principio en comunidades cristianas, con el convencimiento de que, aun en medio de la guerra, la gente tenía derecho a saber, a entender, a pelear y sobre todo, derecho a vivir. Teníamos la convicción -y la seguimos teniendo- de que la lucha por la justicia y la alegría debe ser la razón de vivir. Lo primero que hicimos fueron talleres de capacitación. Con gente de comunidades cristianas en los primeros años, luego con gente de grupos de base y, poco a poco, con otras organizaciones como cooperativas, asociaciones comunales, sindicatos, grupos de mujeres, tras el mensaje de liberación y tras la metodología de la educación popular.
Un espacio para que la gente que no había ido a las montañas, ni al exilio, supiera lo que estaba pasando. Ofrecer herramientas dinámicas de concienciación para levantar ese tejido social y organizativo que la guerra y la represión estaban desgarrando. Dimos diversos talleres con la obsesión de que la gente tenía que encontrar un espacio donde poder hablar. En ese ir y venir, con los años y tras los acuerdos de paz, empezamos a dar talleres de historia, economía, sexualidad, hasta temas como el Tratado de Libre Comercio y el Área de Libre Comercio de las Américas.
D.: ¿Talleres para la construcción social de una nueva realidad?
E. M.: En estos últimos años, viendo la apremiante necesidad de contribuir a una formación política nos metimos a la difícil tarea de ofrecer las herramientas de la economía política a través de la educación popular. Es todo un reto, pero las experiencias tanto en El Salvador como en Honduras, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica nos están demostrando que se puede, que es necesario y que la gente está ansiosa por aprender o profundizar conocimientos. Esperamos que nuestro aporte ayude a la discusión, a la polémica, al debate, a la formación, para que se vea por qué Centroamérica está como está y se descubra que las cosas pueden y deben ser diferentes para que los pueblos vivan dignamente, sin un sistema que causa miseria e injusticias.
D.: La violencia de las maras, denuncias de paramilitarismo, pobreza, desigualdad... ¿Cuál es el contexto social actual?
E.M.: La violencia de las maras es creciente y no está siendo enfrentada adecuadamente por el Gobierno de ARENA, que aprobó la Ley Anti Maras (rechazada por la ONU), ley de mano dura. De nada han servido esas regulaciones, que enfatizan los aspectos represivos, para combatir un fenómeno con profundas raíces sociales y económicas. El Gobierno utiliza las legislaciones para mostrarse como el mayor interesado en combatir a las pandillas juveniles y presentar a la oposición y a los organismos de derechos humanos como sus protectores. Ésa es una de las finalidades del Gobierno: aparentar que combate lo que en realidad no quiere combatir y mostrar a la oposición como principal responsable de ese mal social. La existencia de las maras le permite al Gobierno presentar como crímenes comunes los asesinatos de dirigentes sociales y políticos de oposición, perpetrados por escuadrones de la muerte que ya están operando en el país. En lo que va de año, se han dado asesinatos de dirigentes sociales y militantes de izquierda, al estilo de los escuadrones de la muerte que operaron antes y durante la guerra. Lo que el Gobierno atribuye a la delincuencia común. Además, la existencia de las maras le permite al Gobierno presentar al FMLN como un partido vinculado a esos grupos, dadas sus amplias estructuras barriales y comunitarias, donde operan las pandillas. En la campaña electoral de marzo pasado, un spot de televisión del partido en el Gobierno presentaba a un pandillero expresando sus vínculos con el FMLN. Se trataba de un montaje, pero con un fin político muy preciso.
D.: ¿Cómo se percibe la victoria de Violeta Menjívar, del FMLN, en la alcaldía de San Salvador?
E. M.: Violeta contó con el apoyo de muchas organizaciones sociales, algunas afines al FMLN y otras con menos tinte partidario. Para estos grupos la victoria de Violeta es muy importante, no sólo por su condición de mujer luchadora a favor de los intereses populares, sino porque significa la continuidad del Gobierno municipal en manos de la izquierda. Un hecho que resalta más la importancia de esta victoria es que la misma se dio sin alianzas partidarias. A diferencia de los tres gobiernos municipales anteriores, ganados por el FMLN en alianza con otros partidos, esta vez Violeta ganó sin esas alianzas. En su victoria, el apoyo de las organizaciones sociales fue decisivo.
Fuente: Diagonal n·43


Escribe un comentario