Entrevista a Viviana Díaz, líder de la Agrupación de Familiares Desaparecidos: "Las garras de la dictadura siguen vivas"
Humberto Montero - Madrid
Su padre fue detenido en mayo de 1976. Unas semanas más tarde se lo tragó la tierra. Desde los 25 años, Viviana Díaz ha estado buscándolo. Está probado que Pinochet lo fue a ver a la Casa de Piedra, donde fue trasladado tras pasar varios meses en Villa Grimaldi. Viviana sabe hoy que su padre sobrevivió siete meses a las torturas. Sufre por cada uno de ellos. Su hermano logró fugarse de la Cárcel Pública en enero de 1990 y vive exiliado. Está dispuesta a seguir luchando para que se conozca la verdad en Chile tras pasar más de la mitad de su vida exigiendo Justicia.
- ¿Qué sintió al conocer la muerte de Pinochet?
Una gran tranquilidad, aunque fueron varios los sentimientos. Cuando me dieron la noticia acababa de salir del cementerio general de despedir a una víctima más de Pinochet, un ciudadano argentino cuya historia me había conmovido profundamente. Ernesto Lederman había venido a vivir a Chile en 1971 junto con su esposa mexicana. Su hijo nació en Chile. El 8 de diciembre de 1973 ambos fueron asesinados. La madre murió con su hijo, de dos años y medio, en brazos. Que muera Pinochet a la misma hora en que ese chico da sepultura a su padre me apena. Lamento que se lleve parte de sus secretos a la tumba.
- ¿Qué secretos?
- Pinochet siempre dijo que en este país no se movía una hoja sin que él lo supiera. Pinochet tiene una historia destructiva muy larga que culmina con sus cuentas secretas en el Banco Riggs. Yo quería que tuviera una larga vida para que en algún momento asumiera su responsabilidad en los tribunales en lugar de hacerse pasar por demente. Al menos, cuando fue detenido por orden del juez Garzón en 1998, se cambió el curso de la Historia porque fue condenado mundialmente.
- Parte de la culpa de que finalmente se librara de rendir cuentas la tuvo el propio Gobierno chileno.
- Cierto. Tendrán que asumir su responsabilidad. Si Pinochet no murió condenado, fue porque el Gobierno chileno invocó en su momento razones humanitarias. Ellos se comprometieron con el mundo a juzgarlo, procesarlo y condenarlo en Chile. Eso no sucedió porque, cuando llegó aquí, primero había que conseguir el desafuero de un cargo que él mismo se había creado, porque nunca nadie lo eligió. Cuando se logró el desafuero, después de meses, su defensa argumentó que estaba inhabilitado mentalmente. Lo llevaron al Hospital Militar varias veces hasta dilatar tanto el proceso que murió sin ser condenado.
- A pesar de dos gobiernos socialdemócratas.
- Sí y eso nos duele muchísimo. Hemos luchado 17 años para lograr la democracia y nos damos cuenta de que las garras de la dictadura siguen vivas. Hay una Constitución política que nos impuso Pinochet. Hay un Tribunal Constitucional que está por encima de la presidenta. Sigue vigente el modelo económico «pinochetista». Si siguen instalados en el poder, ¿de qué democracia hablamos? Al menos, la presidenta Bachelet se ha negado a decretar duelo nacional y a que Pinochet reciba honores de Estado. Lo contrario sería un agravio a las víctimas.
- ¿Creían ustedes que en el caso de este internamiento había trampa?
- Cómo no pensarlo. Pinochet fue un cobarde. Se preciaba de ser el comandante en jefe del Ejército y no tuvo la valentía de afrontar sus crímenes. Se los pasó a sus subordinados. Nunca pidió perdón ni se arrepintió, aunque tampoco hubiera resuelto nada. Planificó el aparato represor y sabía perfectamente las torturas que se practicaban.
- ¿Supone un punto final la muerte del dictador?
- Aunque algunos pretendan pasar página, eso no es posible. Nosotros nos encargaremos de que la impunidad no triunfe en Chile. Las heridas siguen abiertas y pasarán varias generaciones hasta que se cierren. Fíjese que hay nietos que han tomado el relevo y exigen conocer la verdad, porque los dos únicos informes que se han hecho sobre violaciones de Derechos Humanos han resguardado por 50 años los nombres de los asesinos.
- ¿Cuál es la cifra real de asesinados, desaparecidos y víctimas?
- Es tan larga la nómina... Hay 1.197 casos de detenidos desaparecidos y sólo dos condenas. Hay procesos por más de 3.000 ejecutados políticos. Están los más 28.000 chilenos que sufrieron en su carne la tortura. Están los que tuvieron que salir del país, los relegados... Va a ser muy difícil que olvidemos esos 17 años de dictadura en los que la vida de las personas estaba permanentemente en riesgo.
Fuente: La Razón, 12/12/06


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