Parlamentarios andinos luchan por tener voz propia y capacidad de decisión y por «construir la autoridad desde abajo»
MANU MEDIAVILLA/MADRID
Algún parlamentario indígena latinoamericano ni siquiera tuvo «la oportunidad de ir a la escuela». Pero, como le sucede a la diputada peruana y candidata al Nóbel de la Paz 2005 Hilaria Supa Huamán, todos han «estudiado en la universidad de la vida, junto con mi pueblo». De sus antepasados aprendieron «a cuidar la naturaleza y a arañar la tierra para que dé alimentos», pero también, como dice el senador y sociólogo colombiano Ernesto Ramiro Estacio, a «ordenar el pensamiento para ordenarlo todo», porque «nuestra lucha es con el pensamiento, a mano limpia, sin armas y sin ninguna clase de exclusión».
Lo han contado en el II Encuentro de Diputados y Senadores Indígenas organizado por la Fundación Carolina que dirige Rosa Conde, que ha reunido en la madrileña Casa de América a nueve legisladores de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Su propósito era explicar su «realidad callada y acallada» -así la definió la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Leire Pajín-, sus sueños de convivencia y sus proyectos políticos y sociales. Y también, como subrayó Supa Huamán, «aprender de ustedes, que a eso venimos».
Tres principios
En la escuela de la familia y de la vida, los parlamentarios indígenas de los países andinos han interiorizado los tres principios fundamentales de quechuas-quichuas y aymaras: «No robar, no mentir y no ser ocioso». Y han ido sacando lecciones de futuro. La primera, como apuntó el diputado ecuatoriano Jorge Guamán, que su desarrollo pasa por «tener voz propia». La segunda, según la diputada peruana Juana Huancahuari Paucar, que como era «difícil acceder a espacios de decisión desde las comunidades campesinas», han tenido que»entrar en política» hasta llegar «al Parlamento por la fuerza de la población». Y la tercera, en palabras del diputado ecuatoriano Oswaldo Gavilán, que «van construyendo la autoridad desde abajo».
Se trata, insistió Guamán, de «construir poder para las próximas generaciones», no de pensar en las urnas a corto plazo. Por eso el Movimiento Pachakutik al que representa «ni es ni debe ser un partido político» con «decisiones verticales» y candidatos que «tienen plata o hablan bonito». Al contrario, su compleja selección de representantes establece cuatro filtros comunitarios, que hacen «más difícil ser candidato que ganar las elecciones». De ahí su convencimiento de que «electoralmente podemos perder, pero el movimiento no va a morir».
Además, señaló, las radios populares les han permitido «dar la palabra a la gente» y garantizar «a doce millones de quechuas y quichuas la información y el derecho a saber», no tanto con vistas a la concurrencia electoral como a la participación política. «No sólo los empresarios y banqueros tienen derecho a hacer opinión pública; también nosotros», remachó antes de expresar su confianza en «tener un canal de televisión», para el que ya disponen de «gente capacitada y formada para llevar una televisión educativa que incorpore a los agentes sociales».
Fuente: El Diario Montañés, 4/12/06


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