Al Gore será recordado, muy probablemente, no tanto por haber sido vicepresidente de EE.UU. junto a Bill Cinton o por perder la presidencia frente a George Bush (pese a haber obtenido más votos), sino por sus preocupaciones en torno a la degradación del medio ambiente y la supervivencia de la especie humana que le han llevado recientemente, en particular, a difundir "An inconvenient truth" (una verdad incómoda): la gravedad de un cambio climático ya en marcha, sus causas y la necesidad de hacerle frente con la mayor urgencia.

FUENTE | Redacción mi+d

Ese activismo ecologista, fundamentado en rigurosos estudios y en consensuadas conclusiones de los expertos, ha estado presente en toda su trayectoria profesional, con valiosas aportaciones como su libro La Tierra en juego (Gore, 1993; Earth in the Balance, 1992, en su edición en inglés), denominado en medios ecologistas el Plan Marshall Verde.

Durante su Vicepresidencia, ese activismo se tradujo, por ejemplo, en la oposición a la destrucción de parajes protegidos de Alaska por las empresas petrolíferas o en el apoyo al protocolo de Kyoto. La llegada de Bush como presidente condujo a que EE.UU. denunciara la firma del protocolo de Kyoto y prosiguiera incrementando sus emisiones de gases de efecto invernadero, con una suicida apuesta por el beneficio inmediato, sin tomar en consideración sus graves consecuencias para toda la humanidad.

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