El Ejército abandona la localidad palestina después de dejar nueve muertos y un mar de ruinas
LAURA L. CARO/ENVIADA ESPECIAL. BEIT HANUN
Fuego intensivo de cañón. Fuego intensivo de ametralladora. Fuego intensivo desde los aviones no tripulados acercándose cada vez más y más a las casas de Beit Hanun. Los blindados del Ejército de Israel se retiraron en la madrugada del martes de las calles de la aldea, pero sólo para separarse unos kilómetros a posiciones más alejadas desde donde por la mañana continuaron los ataques que mataron a nueve palestinos en las áreas colindantes de Beit Lahiya o Yabalia. Y desde donde, entre las 16.20 y 16.45, lanzaron de nuevo sobre el vecindario presuntamente liberado una abrumadora ofensiva masiva con apoyo aéreo de más de un centenar de bombazos que hizo estremecer lo que queda de los cimientos, que ayer quedaron al descubierto en su infinita destrucción tras seis días de sitio. «¿De qué les ha valido intentar pulverizarnos? Vamos a seguir lanzando cohetes Qassam, pero no se crean que se marchan: están ahí para volver en cualquier momento y con más odio. Y tendremos que resistir».
Las palabras de Ibrahim Yemil, funcionario del Ministerio de Deportes palestino, vaticinaban a media mañana como un oráculo lo que iría sucediendo a lo largo de la jornada: el fin del operativo en Beit Hanun, pero no de la ofensiva, y el impacto de los hasta cuatro cohetes artesanales que las milicias volvieron a disparar a territorio hebreo, uno al lado de un colegio hebreo.
Un semana encerrados
Ibrahim, como tantos en la pequeña ciudad de Beit Hanun, salía ayer a la calle tras permanecer casi una semana encerrado con cincuenta miembros de su gran familia en una habitación -«muertos de miedo, sin tener que comer, con un agua que no se beberían ni los perros»- para enfrentarse con la ruina de su pueblo arrasado como tierra quemada por Israel.
Luego llegó el desfile de cadáveres amoratados de esperar en las morgues para ser enterrados cuando acabaran los combates y llevados en volandas al cementerio por multitudes encolerizadas con la hiel en la cara y entre banderas verdes de Hamás y negras de la Yihad Islámica batiendose furiosas al grito de «sacrificamos tu sangre y estamos orgullosos de ti» de las madres rotas dentro de las casas. «¿Estamos listas para moriiiir!», aullaba la mujer de uno de las víctimas de ayer, convertida en viuda a los tres meses de casarse.
En Beit Hanun, los niños descalzos juegan con casquillos de balas en bordillos todavía manchados de sangre, a la sombra de lo único que queda de la mezquita de Al-Nasser arrollada por los 'bulldozer' hebreos. El minarete tiembla sobre sus cabezas al golpe de otra bomba más. Cada vez más cerca.
Fuente: El Diario Montañés, 8/11/06


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