Antonio López Ontiveros: «No se puede trabajar por la Capitalidad de 2016 y permitir atentados culturales»

POR RAFAEL A. AGUILAR

El discurso de López Ontiveros está avalado por décadas de estudio.

Geógrafo, investigador del paisaje, de la sociedad agraria y de la cinegética, entre otros temas, el profesor da su visión de la actualidad de la ciudad con conocimiento de causa.

-Le leo un titular de prensa de hace unos días: «Los parcelistas de Medina Azahara no descartan acudir a los tribunales». ¿No está el mundo al revés?
-Puede ser, pero sobre este tema a mí me gustaría decir que los ciudadanos con criterio, los partidos políticos, no deberían meterse en los recovecos jurídicos e ir a los hechos contundentes y clarísimos, el principal de los cuales es que hoy nadie concibe un yacimiento arqueológico como Medina Azahara si no es en función de la defensa de su paisaje. Eso debería ser el ABC de cualquiera que aprecie el patrimonio histórico-artístico.

-Entonces, ¿los políticos de esta ciudad no lo aprecian?
-Pues no lo sé. Pero es que yo me quedo alucinado con las cosas que dicen y hacen los representantes públicos con responsabilidad en esta ciudad. Es evidente que no tienen en cuenta el patrimonio cuando quieren dar cobertura legal a una serie de ilegalidades. Además, Medina Azahara también es el paisaje que se ofrece desde el mismo yacimiento, que es un magnífico observatorio del entorno. Desde las ruinas se ve el pie de monte de Sierra Morena, las terrazas, las llanuras fluviales del Guadalquivir, los cortados o torronteras, el tránsito a la Campiña y, de fondo, las Subbéticas e incluso, en días buenos se ven hasta la Serranía de Ronda y las cercanías de Sierra Nevada. Y eso es un patrimonio intangible que no se puede tocar, y no hay derechos individuales que permitan estropearlo. Lo peor es que hay políticos que tienen que tomar decisiones sobre este tema de las parcelas de Medina Azahara que dicen que el discurso de la defensa del paisaje está obsoleto. Y entonces yo me pregunto que qué es lo que leen y lo que estudian estos señores.

-¿Usted está a favor de la expropiación de las parcelas que se encuentran dentro del Bien de Interés Cultural (BIC)?
-Hombre, en cualquier caso tengo perfectamente claro que todo el que haya hecho construcciones fuera de los perímetros que legalmente se han establecido no puede seguir ahí.

-Póngase en el caso de que Córdoba pierde la Capitalidad Cultural de 2016 por el impacto negativo de esas edificaciones ilegales. ¿Cómo van a compensar estos parcelistas a la ciudad?
-Pues no lo sé, pero lo que tengo claro es que los políticos no pueden hacer cesiones por un puñado de votos. Porque oiga, en Europa, estas cosas del paisaje se toman muy en serio. Y es que no se puede defender la Capitalidad y permitir los atentados culturales.

-Las personas que decidan si Córdoba es Capital Cultural no cree usted, entonces, que se solidaricen con la teoría de las pobres criaturitas parcelistas, ¿no?
-Por supuesto que no se van a unir a esa teoría. Además, es imposible de demostrar que son pobrecitas criaturas...

-¿Conoce alguna ciudad en el mundo en la que el aeropuerto no se pueda ampliar porque hay casas irregulares en su entorno?
-Hombre, ese tema lo conozco menos. Pero le diré algo sobre el de Ciudad Real que viene al caso. ¿Sabe usted que la Unión Europea ha paralizado durante un año las obras porque el estudio de impacto ambiental no había tenido en cuenta a las avutardas? La empresa se tomó a broma las alegaciones iniciales que hicieron los ecologistas sobre ese tema,... y al final el proyecto ha tenido que ser rectificado. La proliferación de aeropuertos en sitios estratégicos y en capitales de provincia se está generalizando en España y me parece que Córdoba no debería quedarse al margen de ello.

-¿En qué situación ve el Casco histórico?
-El tema del Casco histórico me trae a la mente el debate de las alturas que se ha planteado con la polémica de la Torre Prasa. Desde el PGOU de 1958 se establecieron las ocho alturas que tienen los edificios de la ciudad, y que me ha parecido un logro magnífico. Y ello porque desde el punto de vista de su visión panorámica como de la liberación de presión del Casco, esa decisión de 1958 ha sido magnífica. Y por ello me opuse a que ese criterio se rompiera con la torre de Prasa, porque ésta hubiera desequilibrado la ciudad y hubiera dado pie a otras excepciones. Porque mire usted, eso de que el desarrollo de una ciudad tiene que ir unido a los rascacielos no se lo cree nadie. Que Córdoba no haya caído en la tentación del gigantismo no quiere decir que la calidad arquitectónica vaya a sufrir por ello. Y le pongo un ejemplo: los arquitectos cordobeses han tenido como lugar de experimentación el Plan Renfe y qué es lo que ha ocurrido, pues que si se ve sin apasionamiento, sólo hay dos o tres edificios que merezcan la pena.

-No le gustaba la Torre Prasa, ¿y la de Noreña?
-La presión que se ejerce con un edificio en altura como el de Noreña no va a ser la misma que si esas alturas las hace usted en las rondas del Casco histórico, como era el caso de Prasa.

-Alguien debería hacer algo para cuidar la estética del Casco, ya sabe: la carteles de Deanes, los sombreros mexicanos en los escaparates...
-El Casco no puede tener una monofunción de tipo turístico, y hay que cuidar el mobiliario urbano y todos los aspectos que lo rodean y embellecen. Las ordenanzas deben ser claras y, sobre todo, hay que cumplirlas. Creo que hay que preservar el Casco histórico cordobés que describieron en textos preciosos los viajeros románticos.

-¿Hoy escribirían eso mismo?
-No, porque se han cometido muchísimos disparates. No hay más que ver los alrededores de San Hipólito, que son alucinantes. Imagínese usted que esos edificios de hay ahí tuvieran, además, veinte plantas. Lo que sí me gustaría destacar es que a este Casco, que es de los más grandes de Europa junto con el de Sevilla, hay que darle vida y tiene que tener actividad.

-Le pido dos reflexiones sobre la situación del mundo del caballo y de la caza en la provincia, sobre los que usted ha realizado estudios en profundidad.
-Respecto a los caballos, le diré que me he sentido indignado, porque la raza española se creó en Córdoba y la sociedad civil no ha protestado porque eso se lo han llevado de aquí ni los políticos han hecho nada. Para mí, eso ha sido una de las pérdidas simbólicas más importantes de la ciudad. Es que hay que recordar que los Reyes austrias lo que regalaban a los dignatarios que querían distinguir era un caballo cordobés, y eso se ha ido sin pena ni gloria. Y Córdoba fue lo que nunca significó para el caballo Jerez o Sevilla: y ahí están los datos históricos. Y la caza ha ido a más, pero se trata de algo que no es tan distintivo como el caballo.

Fuente: ABC Córdoba - Córdoba,Andalucía,Spain