JAVIER FDEZ. RUBIO/SANTANDER
El Ayuntamiento de Santander ha editado 50.000 trípticos para enseñar a los santanderinos cómo comer un chicle, una operación que empieza con la retirada del envoltorio, prosigue con el masticado y generalmente acaba en el suelo, aunque para las autoridades, municipales no hay final feliz en este proceso que no concluya en un contenedor azul.
La proliferación de goma de mascar ensuciando las aceras de Santander ha desbordado las posibilidades de la maquinaria adquirida para retirar los pegotes. La razón es sencilla. Para retirar un chicle adherido se requiere la proyección de agua vaporizada a 150 grados de temperatura y un buen rato, lo suficiente como para que en otros puntos de la vía pública nuevos chicles se incorporen como un sarpullido a la cara de la ciudad.
Conscientes de que es una tarea digna de Penélope, el Ayuntamiento estima que «uno de los mayores problemas de limpieza de las calles» sólo puede acometerse desde la colaboración ciudadana. ¿Cómo? Envolviendo el chicle usado en su envoltorio y vertiéndolo al contenedor azul.
Quinta campaña
Se trata de la quinta campaña que está acometiendo el Ayuntamiento de Santander para imbuir nuevos hábitos de limpieza pública. Se han realizado campañas para promocionar la recogida selectiva, el reciclaje de aceite doméstico, la limpieza de playas y la retirada de excrementos de perro de la vía pública. Ahora se añade la de chicles, que consistirá en el buzoneo de 40.000 folletos y el reparto de otros 10.000 mediante educadores medioambientales.
Si alguien cree que la campaña es una broma, cabe decirle, como ayer informó el concejal de Medio Ambiente, Íñigo de la Serna, que el Ayuntamiento ya ha empezado a sancionar el vertido de chicle a la vía pública, algo que posibilita la nueva ordenanza. La multa puede oscilar entre 90 y 300 euros.
El Ayuntamiento confía que la nueva campaña sea un éxito como la anterior, sobre recogida de deposiciones animales. 1.200 encuestados, muchos de ellos propietarios de perros, se han mostrado partidarios de endurecer las sanciones a lo infractores. Son los nuevos tiempos que corren.


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