Josep Corbella - Barcelona
En una clase de 25 niños es habitual que haya dos o tres, alrededor de un 10%, a los que les cuesta seguir el ritmo de los demás. Investigaciones de neuropediatría y psiquiatría infantil realizadas en las dos últimas décadas han revelado que los trastornos del aprendizaje como la dislexia o el déficit de atención, entre otros, afectan a alrededor de un 10% de los alumnos. Curiosa coincidencia, este 10%. "Gran parte de los casos de fracaso escolar en secundaria tienen su origen en trastornos del aprendizaje que no se detectaron a tiempo en primaria", aclara Anna Sans, que dirige la unidad de trastornos del aprendizaje en el hospital de Sant Joan de Déu y acaba de publicar Per què em costa tant aprendre (Ed. Edebé).
Breve guía de los trastornos de aprendizaje
DISLEXIA. Los niños con dislexia, pese a tener una inteligencia media igual que el resto de los alumnos, tienen una gran dificultad para aprender a leer con fluidez y a escribir sin faltas. Las técnicas de neuroimagen han revelado que, cuando una persona disléxica lee, no se activan algunas áreas del hemisferio cerebral izquierdo que sí se activan en personas no disléxicas. El trastorno afecta a cerca del 10% de la población, aunque no todos los casos tienen la misma gravedad.
TRASTORNO DE DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD (TDAH). Las personas afectadas suelen ser impulsivas y tener dificultades para mantenerse atentas. En casos en que hay hiperactividad, suelen ser niños muy movidos. Los casos en que sólo hay déficit de atención suelen pasar inadvertidos, aunque el rendimiento escolar también puede verse gravemente afectado. El córtex prefrontal del cerebro suele tener un funcionamiento deficiente en las personas afectadas, que son entre el 5% y el 10% de la población.
TRASTORNO DEL APRENDIZAJE NO VERBAL. Se caracteriza por una mala psicomotricidad - tanto del conjunto del cuerpo como en la precisión de los movimientos de las manos-y una mala percepción y orientación espacial, lo que lleva a grandes dificultades a la hora de dibujar, hacer puzles, vestirse, escribir o presentar los trabajos escolares. El trastorno está relacionado con deficiencias en el funcionamiento del hemisferio derecho y de la sustancia blanca del cerebro. No hay datos del número de afectados.
TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA. Aunque los casos de autismo profundo suelen detectarse, otros trastornos emparentados con el autismo suelen pasar inadvertidos. A los niños afectados les cuesta entender las emociones de los demás, tienden a jugar solos y a menudo son objeto de burla. Se estima que afectan a uno de cada 150 niños.
TRASTORNOS DEL DESARROLLO DEL LENGUAJE. Entre un 2% y un 3% de los niños presentan deficiencias en el desarrollo del lenguaje, de causa a menudo desconocida, que afectan a su relación con otros niños y al rendimiento académico.
DISCALCULIA. Es una dificultad innata excepcional para procesar conceptos matemáticos. No hay consenso sobre dónde situar la frontera entre la dificultad para las matemáticas que tienen muchos niños y el trastorno de discalculia.
El agujero negro de la educación. Los departamentos de Educació yde Salut defienden que en Catalunya los trastornos del aprendizaje se detectan y reciben una atención adecuada. Pero cuando se habla con las familias afectadas, relatan auténticos vía crucis para sacar adelante a sus hijos ante la falta de protocolos eficaces de detección en las escuelas, la dificultad de conseguir un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado en el sistema sanitario y la insensibilidad del sistema educativo a la hora de aceptar que los exámenes, sin ser más fáciles, estén adaptados a los trastornos de los alumnos. "A diferencia de otros países europeos, aquí los trastornos del aprendizaje son un agujero negro del sistema educativo", resume Neus Buisán, presidenta de la Associació Catalana de Dislèxia (ACD).
Falla la detección en la escuela. "La primera persona que detecta si un niño puede tener un trastorno del aprendizaje es el maestro", explica Pepita Corominas, subdirectora general de Gestió de Serveis a la Comunitat del Departament d´Educació. El problema es que "los maestros están poco capacitados para detectar los trastornos del aprendizaje", advierte Amaia Hervás, psiquiatra infantil de la Mútua de Terrassa. Y no es culpa de los maestros, de los cuales algunos se apuntan a cursos de formación que ofrecen las asociaciones de familiares como Adana, en el caso del déficit de atención e hiperactividad, o la ACD, en el caso de la dislexia. Es culpa más bien de que en la facultad no se les formó para atender a niños con trastornos del aprendizaje. En parte, porque cuando muchos de ellos estudiaron estos trastornos no se conocían tan bien como ahora. "La situación mejorará a medida que en las universidades se incluyan estos trastornos como prioritarios en la formación de futuros maestros, porque todos se encontrarán con algún caso en cada aula", destaca Beatriz Mena, directora de Adana.
Supongamos por un momento que un maestro sensibilizado detecte que un alumno tiene algún trastorno del aprendizaje y busque ayuda. "Puede recurrir a los Equips d´Assessorament Psicopedagògic (EAP) que visitan una vez por semana a los centros educativos", explica Pepita Corominas. Pero "el nivel de los EAP no es homogéneo, algunos funcionan bien y otros mal", señala Amaia Hervás. Incluso en aquellos que funcionan bien, los profesionales no suelen tener la formación adecuada para diagnosticar correctamente los trastornos del aprendizaje. "A diferencia de lo que ocurre por ejemplo en el Reino Unido, aquí no hay un protocolo de exploración de los trastornos del aprendizaje en niños", añade Hervás.
Falla el sistema sanitario. En el mejor de los casos, los profesionales de los EAP derivan a los niños hacia el sistema sanitario para que sean diagnosticados y reciban el tratamiento adecuado. O bien los padres, alarmados por los problemas de conducta o los malos resultados de sus hijos en la escuela, consultan al pediatra, quien puede derivar el caso a un especialista. "El niño puede ser atendido en un centro de salud mental infantil y juvenil o en un servicio de neuropediatría hospitalario", informa Cristina Molina, directora del Pla de Salut Mental i Addiccions del Departament de Salut. Según los datos de Salut, el año pasado fueron atendidos en la sanidad pública 8.228 menores por trastornos del aprendizaje, lo que representa menos del 1% de la población escolar de Catalunya.
"Estamos avanzando, la situación es mejor que unos años atrás, pero aún se diagnostican muchos menos casos de los que realmente existen", señala Fina Castro, jefa de servicio de psiquiatría y psicología infantil y juvenil del hospital Clínic.
Un problema adicional, añade Anna Sans, de Sant Joan de Déu, es el déficit de profesionales de la salud formados para diagnosticar y atender trastornos del aprendizaje. "Hay una desproporción entre el gran número de niños afectados y el reducido número de profesionales preparados para atenderlos", señala.
Falla la reeducación. Incluso si se superan todos los obstáculos y el trastorno del aprendizaje se detecta y se trata correctamente, suele ser necesaria una larga reeducación - como logopedia en casos de dislexia, o psicopedagogía en algunos casos de hiperactividad-."Lo ideal sería hacerla en la escuela, pero en nuestro país deben buscarla las familias, y no es barata", denuncia Anna Sans.
Ante las deficiencias del sistema educativo y del sistema sanitario, que un niño sea detectado a tiempo acaba siendo en muchos casos cuestión de azar. "Al no haber nada legislado, depende de factores personales", explica Anna Sans. "Me encuentro con muchos casos de familias que, después de un curso que ha ido bien, llegan preocupadas a la consulta diciendo ´a ver qué profesor nos toca el años que viene´".
Fuente: La Vanguardia, 15/12/08

