La Coctelera

Categoría: Secretos a voces

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En busca de justicia

Este artículo de Judith Stone fue enviado a Debbie Ducro, periodista judeo-americana del Kansas City Jewish Chronicle. Lo publicó y fue expulsada al día siguiente.

Judith Stone

Soy judía. Participé en la manifestación a favor del Derecho del Pueblo Palestino de Volver a Palestina. Fue lo correcto.

Desde que era niña he escuchado hablar del holocausto perpetrado en Europa contra los judíos. He visitado los monumentos en Washington y Jerusalén en memoria de las vidas perdidas de judíos y he llorado al darme cuenta del grado de atrocidad del que es capaz el ser humano.

¿Dónde están los judíos con conciencia? No se puede mantener rencor de forma justificada contra los supervivientes del holocausto provocado por Hitler. Estos miembros del género humano no se encontraban en posición de poder escoger más allá de su propia supervivencia. No debemos olvidar que el hecho de ser un superviviente o miembro de la misma religión que las víctimas del holocausto no garantiza la dispensa para acatar las leyes por las que se rige la humanidad. El slogan “Nunca más” suena a vacío cuando le damos el significado de “Nunca más, pero sólo para nosotros”.

Mi generación fue educada en la creencia de que la tierra bíblica era un vasto desierto habitado por un puñado de palestinos paupérrimos que vivían con sus camellos, sacando de la tierra lo justo para vivir. Se presentó la llegada de los judíos como una maravillosa oportunidad para estos moradores del desierto. Golda Meir nos aseguró incluso que “no hay un problema palestino”.

Ahora sabemos que la realidad no es como nos la pintaron. Palestina era una tierra ocupada por gente que la consideraba su hogar. Había ciudades y pueblos prósperos, con sus escuelas y hospitales. Había judíos, cristianos y musulmanes. De hecho, antes de la ocupación, los judíos apenas representaban el siete por ciento de la población, siendo propietarios del tres por ciento de la tierra.

Durante un instante me quito las vendas de los ojos y veo una segunda atrocidad perpetrada por el mismo pueblo que debería mostrar sensibilidad exquisita ante el sufrimiento de otros. Este pueblo sabía perfectamente lo que se siente cuando, a punta de fusil, te ordenan salir de tu casa y te fuerzan a adentrarte en medio de la noche hacia destinos desconocidos o bien afrontar la ejecución en el acto. El pueblo que desplazó a los palestinos sabía de primera mano lo que significa ver tu casa incendiada y tener que abandonar sin previo aviso todo aquello que amas.

Las palas cavadoras arrasaron cientos de aldeas al tiempo que desplazaban a los habitantes que aún permanecían, viejos y jóvenes. Todo esto no le resultaba nada nuevo al mundo. Polonia es un cementerio enorme de los judíos europeos. Israel es el lugar del descanso final del pueblo palestino masacrado. A poca distancia del monumento en memoria de los niños judíos muertos en el holocausto hay un parking perfectamente llano. Bajo el parking se encuentra lo que queda de lo que una vez fue un  pueblo floreciente y los restos de hombres, mujeres y niños cuyo único crimen fue el ocupar el espacio vital que necesitaban y no abandonarlo por las buenas. En el signo que marca este enterramiento se puede leer: “Parking público”.

He hablado con palestinos. Todavía no he conocido un solo palestino que no haya perdido algún miembro de su familia en la Shoah israelí, o que no tenga algún amigo o familiar pudriéndose en condiciones inhumanas en una cárcel israelí. Una y otra vez se cita a Israel como país violador de los derechos humanos, sin consecuencia alguna.

En un viaje reciente a Israel visité los campamentos de refugiados habitados por gente que lleva 52 años esperando en estos campamentos “temporales” el momento en que puedan volver a casa. Cualquier abuelo palestino puede decirte el nombre de su pueblo, la calle donde vivía o dónde plantaron los olivos. Quizás los nietos nunca han conocido su hogar de origen, pero te pueden decir donde están enterrados sus bisabuelos o dónde se encuentra el pozo del pueblo.

La prensa se ha encargado de promover la imagen del terrorista palestino. Pero a las víctimas que se rebelaron contra la indignidad en el ghetto de Varsovia se les llama ahora héroes. Aquellos que perdieron la vida son mártires. El palestino que desesperado arroja una piedra es un terrorista.

Hace dos años viajé en coche por Palestina y observé los intricados sistemas de riego por aspersión que empapaban el césped de los colonos sionistas en sus nuevas urbanizaciones guardadas por vigilantes armados y alambradas, todo esto en medio de un asentamiento palestino donde no había agua con garantías de potabilidad, y el campo adyacente estaba seco y arenoso. El catedrático universitario  Moshe Zimmerman informó en el Jerusalem Post (30 Abril, 1995) que “Los niños (judíos) de Hebrón son como las Juventudes Hitlerianas.”

Nosotros los judíos pleiteamos en Europa persiguiendo restituciones, salarios perdidos, compensaciones por la tierra y por los hogares perdidos, por el trabajo de esclavos. ¿Traiciono a los judíos por apoyar el derecho de los refugiados palestinos a volver a sus lugares de origen y recibir compensación por lo que se les quitó y no se les va a devolver?

No podemos resucitar a los judíos muertos, de igual forma que nos es imposible devolver la vida a los palestinos masacrados. David Ben Gurion dijo, “No nos olvidemos de la verdad ... . Políticamente, nosotros somos los agresores y ellos se defienden... El país es suyo, porque ellos son quienes lo habitan, mientras que nuestro deseo es venir aquí y asentarnos, y desde su punto de vista nosotros queremos expulsarles de su país...”.

Palestina es una tierra que ha sido ocupada y desprovista de su pueblo. Sus señas de identidad culturales y físicas han sido borradas y sustituidas por límpidos signos hebreos. Lo primero que erradicaron los ocupantes fue la historia de su pueblo como si nunca hubiera existido. Y el mundo ha alabado todo esto como si de un milagro divino se tratara.

Debemos reconocer que la resistencia de Israel, más que una cuestión de legalidad, se trata de una auténtica política ilegal de hechos consumados realizada mediante el uso de la fuerza con el apoyo de las potencias occidentales. Las misiones de la ONU dirigidas a Israel con la finalidad de corregir sus violaciones han resultado, por ahora, completamente estériles.

En la obra de Hertzl “El Estado Judío”, el padre del sionismo dijo: “Debemos investigar y tomar posesión del nuevo país judío mediante cualquier recurso moderno.” Creo que estoy de acuerdo con Ehud Barak (3 de Junio 1998) cuando dijo. “Si yo fuera palestino, también me uniría a un grupo terrorista.” Yo quizás daría un paso más. En vez de lanzar piedrecitas, arrojaría un buen pedrusco.

Esperemos que, en algún lugar en lo más profundo de su corazón, todo judío con conciencia sepa que esto no fue una guerra; que esto no fue la restitución por Dios de la tierra santa a sus legítimos propietarios. Sabemos que todo esto no fue sino una atrocidad que se continúa perpetrando contra un pueblo inocente que no podía levantarse en armas ni poseía los medios económicos para defenderse de las potencias occidentales, indiferentes ante su exterminio.

No podemos seguir diciendo, “¿Pero qué podemos hacer?” Sionismo no es sinónimo de judaísmo. De todo corazón apoyo las manifestaciones a favor del derecho del pueblo palestino de volver a su tierra. Aquí y ahora.

Traducido por Antonio de Cisneros, Ronda ( Malaga)

 

Fuente: Kaos en la red, 17/01/09

 

 

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Entrevista a Samir Amin

Samir Amin es, de alguna forma, el eslabón perdido entre el actual movimiento altermundialista y los movimientos de liberación de los años cincuenta. A sus 78 años, este egipcio ha estado en ambos, como teórico y construyendo soluciones. El economista e historiador destaca como el teórico que más radicalmente ha analizado las formas euro-norteamericanas de dominación. Hoy, el director del Foro del Tercer Mundo de Dakar y uno de los coordinadores del Foro Mundial de las Alternativas, mira hacia el Foro Social Mundial celebrado en Belém con una crítica constructiva: Hay que repolitizar el foro y "construir la convergencia en la diversidad". Si no, advierte, estos foros corren el riesgo de convertirse en "antena repetidora del discurso dominante".

Usted sostiene que los foros sociales corren riesgos, digamos, de corte narcisista...

Como yo deseo que esta oleada de liberación sea un éxito, sea real, que no se quede en pura retórica, tenemos que ser muy severos con nosotros mismos. No basta con clamar que el liberalismo es una absurdidad socialmente, ecológicamente y políticamente desastrosa. No basta con denunciar. No basta con llevar adelante batallas defensivas. Los frentes de la globalización capitalista son numerosos. Hay que librar batalla ofensivamente, cosa que exige una perspectiva. Esa perspectiva no puede ser la unificación de movimientos, pero sí que debe ser la convergencia.

¿Hoy no es el caso?

No. Hoy están segmentadas. Combaten ataques del sistema, pero no proponen alternativas realizables. Hemos caído en objetivos de corte moral, general, en plan "a favor de un mundo mejor y más justo". ¡Habrá que definir qué es un mundo mejor y más justo, y las estrategias políticas para ponerlo en marcha! Estimo que ahora tenemos que plantearnos la cuestión de las estrategias políticas. No necesariamente unificarse en una organización, pero sí construir una convergencia dentro de la diversidad. Frentes diversos, referencias culturales diversas, objetivos de transformación diversos, formas de luchas diversas, sí... Pero la cuestión política es central y hay que atreverese a decirlo.

¿Los foros sociales no se atreven?

Ese es el punto negativo de la segunda oleada de los movimientos sociales en su versión actual: El miedo a la política. ¿Por qué? Porque la política ha decepcionado mucho. La socialdemocracia se ha vuelto liberal-capitalista. El comunismo se ha vuelto autocracia; en ocasiones, criminal. El proyecto de liberación tercermundista de Bandung se ha vuelto una colección de autocracias mediocres... Por eso, los movimientos sociales decidieron abandonar la política. Pero eso es imposible. Abandonar la política equivale a resignarse a no transformar el mundo.

Habla usted también del riesgo que las o­nG ricas del norte monopolicen el discurso en los foros sociales.

Sí. A mí me inquieta mucho ese eco que obtienen muchas o­nG del Norte que, de hecho, no son más que antenas repetidoras del pensamiento dominante. Simpáticas, reformistas, cargadas de buenas intenciones y de votos píos, pero nada más... Están sobrerrepresentadas en los foros sociales mundiales, porque cuesta mucho ir a ellos, organizarse... Le voy a dar un ejemplo. En Egipto, actualmente, hay un movimiento social campesino inmenso, que ha reunido a millones de manifestantes para frenar la contra-reforma agraria que planea el Gobierno. No apareció en ningún fórum social mundial. Primero, porque no tienen ni un duro para ir. Segundo, porque nadie les daría ese duro para que puedan ir. Tercero, porque ni ellos mismos son conscientes de que pudiera ser importante ir.

Para usted, ¿deben abrirse los foros a los partidos políticos?

Sí. Son actores, incluso a veces actores capaces de conservar el poder para transformar. No es posible seguir negándose a ir al contacto, al choque, al debate, a la exigencia e incluso a la altercación con los partidos para formular programas. Es hipócrita, por parte de las o­nG apolíticas, esa negativa al contacto con lo político. ¿De qué viven las o­nG gigantescas del Norte? De subvenciones públicas y de fundaciones, sobre todo norteamericanas. Ni las unas ni las otras son independientes. Hay que oponer a esas o­nG pseudo-apolíticas, otra politización auténtica.

A lo mejor la dinámica ya no está en los foros sino fuera...

Sin llegar tan lejos, yo creo que América Latina está sembrando el camino con señales positivas. Ha demostrado que el cambio también puede empezar por victorias populares en el poder político, saldadas con transformaciones. Sean cuales sean las evoluciones futuras, las victorias de Lula, de Chávez, de Morales y de Correa muestran esa posibilidad de victoria popular.

¿Imposibles en el Norte?

Complicado, pero no imposible. El capitalismo actual es oligárquico, en el sentido estricto de la palabra, en el sentido de oligarquía al estilo ruso. Es un puñado de oligarcas, a escala planetaria, no más de seis mil personas, quienes concentran la riqueza de todos. El objetivo de aislar a esa oligarquía puede reunir todas las fuerzas progresistas, humanistas y simplemente demócratas para hacer frente a las fuerzas que quieren la regresión. Ahí tiene usted una base social posible para la victoria popular: aislar a la oligarquía mundial. Cuidado: todavía no es una base electoral, más volátil, pero sí una amplia base social.

Usted es pesimista respecto a los foros y optimista en cuanto a la fuerza de lo que ocurre fuera.

De alguna manera, sí. Los grupos que llevaron a Chávez al poder no estaban en los foros sociales; el movimiento indígena boliviano, tampoco. Piense en el Partido Comunista Maoísta de Nepal, que tampoco está en los foros. Hizo frente a una tiranía y ganó la guerra de liberación. Los errores que cometa en el futuro son otro problema, pero está claro que ha contribuido a liberar a un pueblo. Luchas muy importantes en el mundo no están presentes en el foro social mundial.

 

Fuente: Kaos en la Red, 02/02/09

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La metástasis del racismo nazi

Xosé Manuel Beiras - Galicia Hoxe

La tragedia de Gaza continúa. Impertérrita, la barbarie nazi de ahora sigue machacando la ciudad y los ciudadanos palestinos. Inconmovible, la soberbia sectaria del Estado sionista de Israel prosigue su sórdida tarea de “limpieza étnica” y exterminio. Su insensibilidad alcanza el paroxismo en el desprecio de cualquier valor humanitario: para ese poder criminal, los palestinos no son seres humanos, sino simple carne de cañón. En paralelo con la hipocresía de las cristianísimas potencias “occidentales”, que reeditan el rigodón que bailaron en otro tiempo ante el hitlerismo asesino de la II República española, de la democracia austriaca, del pueblo checo con el pretexto de la famosa “cuestión de los sudetes”. Releo “Le sursis”- ´La prórroga´- el segundo volumen de “Les chemins de la liberté”, la lúcida trilogía narrativa de Sartre. Siento impotencia y desesperación. Trato de recobrar la confianza en la fuerza de la razón, pero sin esperanza. Retomo mis dos reflexiones morales de marzo de 2007. Me acuerdo de aquella aseveración, creo de que Gide: todo está ya escrito, pero como nadie lee, hay que escribirlo de nuevo. Y me decido a reproducirlas de nuevo en dos entregas consecutivas. A gritarlas contra la muerte en Gaza. Aunque resulte inútil.

Es la mía una generación marcada desde la infancia por la “solución final”, más comúnmente mentada mediante el vocablo “holocausto”. Hace tiempo que considero más congruente e inequívoco emplear la primera fórmula “solución final” –“Endlösung”, en alemán-, es una expresión inventada por los jerifaltes nazis, principalmente Himmler y Goering, para referirse eufemísticamente a los planes del III Reich para el exterminio de los judíos de toda Europa. En rigor, mejor dicho, para el exterminio de todos los seres que ellos consideraban “Untermenschen”, infrahombres o subhumanos, y que abarcaban, además del pueblo judío, también a los pueblos eslavos y gitanos. Desde luego, a los verdugos nazis sólo les dio tiempo para aplicar masivamente ese plan de exterminio a la primera de las víctimas previstas: el terrorífico genocidio se consumó primordialmente sobre millones de judíos en toda la Europa ocupada por el III Reich. Pero, si hubiera triunfado el imperio concebido para mil años por la paranoia hitleriana, los eslavos hubiesen sufrido el mismo destino brutal; de hecho, lo sufrieron buena parte de sus elites allá donde pasó el Atila nazi.

En todo caso, me parece que, para mejor justicia histórica, hay que identificar ese genocidio con la denominación acuñada precisamente por los genocidas y no por sus víctimas. Y digo esto porque, en su lugar, “holocausto” es una palabra que en su origen, denomina un tipo de sacrificio religioso que, en la cultura hebrea más antigua, practicaban los israelitas, en el que la víctima era completamente consumida por el fuego. Entenderéis ahora que sería un descarnado sarcasmo aplicar a ese genocidio un término procedente de un bárbaro uso litúrgico de los más antiguos antepasados de las víctimas de la barbarie nazi. Al contrario, no resultaría incongruente denominar holocausto, claro que en proporciones de reproducción a escala reducida, a lo que en el momento presente el Estado de Israel hace padecer al martirizado pueblo palestino en su propio hogar. Que es suyo desde hace más de un milenio, sin que además sea responsable de que, con mucha anterioridad, el pueblo judío fuese dispersado y condenado a la diáspora.

Pero os decía al comienzo que mi generación fue marcada desde la infancia por el genocidio, sea “holocausto” o “Endlösung”, perpetrado sobre los judíos europeos por los nazis del funesto III Reich. En mi impresionable mente infantil quedaron grabadas imágenes terribles, vistas en los noticiarios de la época las escasas ocasiones en que me llevaban al cine, del espanto descubierto por las tropas aliadas al llegar a los campos nazis de concentración y exterminio. Y todo lo que vino desde entonces: crecí y llegué a la adolescencia en el período de una intensa, constante y alargada campaña de información, ilustración y denuncia, eso si, retrospectivas, sobre la masacre padecida por el pueblo judío en la Europa del apogeo fascista y nazi. Era como un ritual de exorcismo reiterado hasta la obsesión; una práctica maniática de conjuros para borrar los fantasmas demoníacos de una inconfesa conciencia colectiva de culpa de las democracias occidentales, las del bautizado entonces como “mundo libre”, que permitieron pasivas e incluso cómplices, la “irresistible ascensión” de los totalitarismos fascistas italiano, portugués, alemán y español, causantes de la hecatombe genocida.

Como resultado de ese proceso colectivo, con la metodología similar a la de profanos “ejercicios espirituales” masificados, el pueblo judío, o genéricamente, los judíos a secas, se convirtieron en la encarnación totémica del mito de la víctima expiatoria de la maldad congénita del género humano, concebida en clave de la tradición ideológica, precisamente judeocristiana, en el pueblo mártir de nuestro tiempo; en realidad, de lo que Paco Sanpedro definiría hoy como una modalidad de “violencia excedente”, aunque entonces andaba muy lejos de aprender todo eso. El caso es que pronuncia u oír la palabra “judío”, suscitaba en nosotros, los muchachos de mi tiempo y medio sociocultural, una reacción inmediata de empatía, respeto, terror y pulsiones solidarias entremezcladas. Socialmente se pasó del antisemitismo explícito o larvado al filo semitismo acrítico, fuera sincero o hipócrita, que eso, socialmente poco importaba. Fuese el que fuera el asunto, problema o conflicto, los judíos tenían, por principio, razón: la razón de las víctimas inmoladas y los mártires forzosos.

Hasta que, por un lado, uno fue adquiriendo información y formación más solventes y diversificadas en sus fuentes, y además, por otro, llegaron las confrontaciones arabo-israelíes de los años sesenta, con el clímax de la “Blitzkrieg”, la guerra relámpago de Golda Meir y del general israelí del parche en el ojo, como el pirata pata-de-palo de Stevenson, estereotipo del malvado de nuestra adolescencia. En mi caso, ese fue el momento en que se clarificaron los términos y personajes de la tragedia, y surgió en escena la figura humana del pueblo palestino, nazareno excluido hasta ese momento de presencia reconocible a mis ojos. La propia dinámica del drama nos había llevado a elucidar el embrollo: una cosa era el pueblo judío, otra distinta el sionismo, otra los ciudadanos israelíes y otra, en fin, el Estado de Israel. Y luego, con rancho aparte, estaba la víctima contemporánea de todo ese embrollo; la estrictamente contemporánea que no era judía, el pueblo palestino, condenado él en esta ocasión a la diáspora y al holocausto.

El pueblo judío es una nación sin territorio ni fronteras: su “espacio vital” de asentamiento es todo el planeta. No es necesario un territorio para constituir una nación, y está demostrado desde Bauer a Löwy. El pueblo judío es un caso paradigmático: el gitano es otro más. El sionismo es una forma aberrante de nacionalismo expansionista y, tanto en su trasunto profundo como en su contexto socio histórico, imperialista. De hecho, su origen temporal a finales del siglo XIX, estás imbricado en el punto de inflexión transicional entre las dos hegemonías planetarias: la del imperialismo británico en declive y la del imperialismo norteamericano emergente. Un nacionalismo chovinista reaccionario y quimérico, y soy consciente de que la quimeras un monstruo mitológico que suscita pavor. El primero, porque pretende retroceder la historia de un pueblo y de la humanidad entera, volviendo al siglo primero de la era cristiana, no hebrea; el segundo, porque la constitución de un Estado israelí en Palestina, no resuelve la diáspora: ni a metro cuadrado por habitante daría cabida a la nación judía actualmente esparcida por el mundo adelante. De manera que la invención del Estado de Israel no resuelve ni el problema nacional ni ninguno de los problemas existenciales del pueblo judío. Ahora bien, le resulta muy útil al imperialismo contemporáneo, no para resolverle los insolubles problemas que mantiene, pero si para crearles un problema trágico a los pueblos de Oriente medio sometidos al imperio yanqui. El Estado de Israel es la clave de bóveda de la arquitectura política y militar del actual Imperio en esa región estratégicamente crucial para sus recursos e intereses vitales. Por eso existe y sobrevive ese estado, que económica, social y políticamente es un engendro inviable en condiciones normales. Aún más, para eso fue creado; el sionismo por sí solo no lo lograría. Lo veremos, si queréis, a renglón seguido.

Atenazado, como en un término sin límites, por su propia función y razón de ser en la estrategia del actual imperialismo yanqui, el Estado de Israel, se comporta con pautas de un tipo de síndrome freudiano: a través de él, y pese a sí mismas, las en otro tiempo víctimas, se vuelvan ahora verdugos. Ese estado viene a ser una metástasis, y como tal metástasis, una metamorfosis desplazada en su ubicación, del racismo nazi que trato de lograr el exterminio del pueblo judío mediante la “solución final” de un problema que únicamente engendró el propio nazismo: la más bárbara y satánica forma de “limpieza étnica” nunca practicada en la moderna historia de la humanidad. Guardadas, repito, todas las proporciones pertinentes entre las magnitudes respectivas del cáncer nazi y la metástasis israelí. Pero, con todo, de limpieza étnica se trata. Intentaré aclararos el aparente enigma.

Benny Morris es un nombre clave en la historiografía del proceso de fundación y consolidación del actual Estado de Israel. Hace cosa de dos decenios que su obra respecto a la génesis de la diáspora, no judía, sino de los refugiados palestinos por el mundo adelante –“The birth of the Palestinian Refugee Problem”- suscitó un considerable escándalo. Uno de los motivos del escándalo, no el principal naturalmente, estribaba en que el propio Morris, lejos de ser un apologista pro-palestino, era un sionista confeso y militante. Poco después, reincidió con estudios sobre las guerras fronterizas de Israel a partir de 1949. Pero, aparte de eso, Morris es autor de una extensa y documentada obra sobre el conflicto árabe-israelí desde los comienzos del movimientos sionista has finales del siglo XX –“Righteous Victims: A History of the Zionist-arab Conflict, 1881-2001” Se trata por lo tanto, de una autoridad destacada en esa materia.

Pues bien, la New Left Review, en una de sus entregas del año 2004, publicó una amplia entrevista hecha a Benny Morris por Ari Shavit. Ya el título de esa entrevista resulta inequívoco en su expresión: “Respecto de la limpieza étnica en Palestina”. Pero, a mayor abundamiento, los editores de la NLR, en la presentación que hacen del documento, informan a sus lectores de que tal entrevista se publicó meses antes en el diario Haaretz bajo este otro rótulo: “Supervivencia de los más aptos”, enunciado que inevitablemente nos hace evocar el darwinismo social racista y, por pasiva, el designio nazi de la extinción de los “Untermenschen”, los infrahombres o subhumanos. Como señala la NLR, “Morris enuncia a su impresionado interlocutor, Ari Shavit, dos verdades desagradables: que el proyecto sionista sólo pudo llevarse a cabo mediante una limpieza étnica deliberada, e incluso que, una vez iniciada, las únicas razones para interrumpirla antes de una total eliminación de la población árabe de Palestina fueron puramente circunstanciales y tácticas”.

En efecto, Shavit no oculta su pasmo en la introducción de la entrevista hecha a Morris. “De manera, dice, que durante los últimos dos años, el ciudadano Morris (sionista combativo) y el historiador Morris (historiador veraz) trabajaron como si no hubiera ningún vínculo entre sí; como si uno tratase de salvar lo que el otro trataba de erradicar”. Y no es para menos. Resulta sorprendente, y terrorífico, que alguien que corrobora, como hace Morris en la entrevista, que ya en 1948, “Ben Gurion fue personalmente responsable de una política deliberada y sistemática de expulsión en masa” de los palestinos, afirme a renglón seguido que “Ben Gurion tenía razón” y, aún encima, no se inmute.

Destaco algunas preguntas y respuesta ilustrativa. “Shavit: Estamos hablando de asesinatos de miles de personas, de la destrucción de toda una sociedad. Morris: Una sociedad que pretende matar a uno, obliga a destruirla. Shavit: Produce escalofríos la expresión tranquila que emplea. Morris: Si espera que me deshaga en lágrimas, lamento desilusionarlo. Shavit: Por lo tanto, cuando los mandos israelíes no se inmutaron a la vista de la larga y terrible columna de 50.000 personas expulsadas de Lod, ¿LOS JUSTIFICA Vd.? Morís: Los entiendo muy bien- No creo que tuvieran problemas de conciencia, y yo tampoco los habría tenido. Sin aquella acción no hubieran ganado la guerra y el Estado judío (sic) no hubiera nacido. Shavit: ¿No los condena moralmente? Morris: No. Shavit: Perpetraron una limpieza étnica…Morris: Hay circunstancia en la historia que justifican la limpieza étnica. Shavit: ¿Y era esa la situación en 1948? Morris: Así es. Era esa la que el sionismo tenía ante sí. El Estado judío (sic) no hubiese nacido sin la expulsión de 700.000 palestinos. Por lo tanto, era preciso expulsarlos. No había otra opción”.

Milosevic fue condenado, y está muerto, por algo así, sólo que era jefe del Estado serbio y no del israelí como Ben Gurion. Y 1948 era sólo el comienzo. El Estado de Israel lleve medio siglo violando los derechos del hombre (y del ciudadano) proclamados en la carta de las Naciones Unidas, a las que pertenece sin haber sido expulsado, además de hacer caso omiso de un conjunto de resoluciones del Consejo de seguridad de la misma ONU. Como si tal cosa. Perdón, me confundí. Como si tal cosa, no: culminó su escalada por ahora, con la agresión bélica permanente “caliente”, sin declarar la guerra, pero parece que eso está de moda, y el cercamiento de las comunidades palestinas reproduciendo a escala multiplicada en dimensión, el muro que cayó en Berlín al final de la guerra”fría”. Por cierto, que hace pocos meses, un ensayo del historiador Gadi Algaza revela que “una alianza militarizada de empresas de software subvencionadas por el Estado israelí, de promotores inmobiliarios y de bolsas cautivas de trabajo femenino judío-ortodoxo, está forjándose en el perímetro del Muro de separación levantado en los territorios ocupados” en Cisjordania. ¡No todo había de ser motivación ideológica y religiosa de seguridad “nacional”!

Lo más grave del embrollo es que, hablan otra vez los editores de NLR, “la lógica de la postura de Morris es irrebatible. Si los palestinos pueden ser maltratados hasta que se resignen a darse por satisfechos con menos de una quinta parte del país, entonces ¿por qué no acabar con ellos y expulsar a todos los que aún quedan? El mérito de la sinceridad de Morris radica en dejar claro que ‘el proceso de paz’ en todas sus formas, tan múltiple como monótono, desde Oslo a Ginebra, no es otra cosa que la guerra contra los palestinos librada por otros medios”. Esta paráfrasis tácita del famoso aforismo de von Clausewitz en formulación invertida además, resulta de una atroz elocuencia como conclusión: la política yanqui-israelí como continuación de la guerra anti-árabe por otros medios.

Hace dos años, Virginia Tilley, investigadora en ciencias humanas en Pretoria, publicó un libro, “The One-State Solution”, basándose en los resultados de sus exhaustivos estudios sobre los conflictos raciales en el caso sudafricano, para propugnar la fórmula de un solo estado como única solución posible para el conflicto israelo-palestino. El año pasado, un profesor de ciencias políticas israelí arremetió contra la tesis de Tilley por considerarla ilusoria, divorciada de la realidad social y desconocedora de la “verdadera naturaleza del sionismo”. En su réplica, Tilley reitera como una salida política factible una democracia no confesional en un único estado laico judeo-palestino. No puedo siquiera presentir si esa solución es ilusoria o podría ser viable. Pero considero lúcidas, y comparto, las aseveraciones de Tilley que transcribo aquí: “los argumentos sionistas a favor de una Estado judío hacen equiparaciones confusas entre nacionalidad y estatalidad (mucha gente acostumbra confundir “Estado” y “nación”). Tampoco están familiarizados con la profunda transformación experimentada por el concepto de “estado-nación” en el último medio siglo desplazándose de premisas étnicas a otras cívico-territoriales. En consecuencia, los sionistas no entienden que Israel se ha convertido, en ese aspecto, en un residuo atávico: en un anacronismo”.

Mientras tanto, el pueblo palestino padece un brutal exilio interior: fragmentación, expoliación, mutilación, asedio, éxodo, humillación sistemática. Y violencia. Que es recíproca, sí, sólo que desproporcionada en magnitud y desigual en catalogación por el cedazo mediático. Cuando la violencia la ejerce Israel, las víctimas palestinas lo son de ataques del ejército israelita. Cuando la ejercen los palestinos, las víctimas israelitas los son de acciones terroristas. ¿Alguien aceptaría hoy que se tildase de terrorismo las acciones de la resistencia francesa o de los partisanos italianos en la Francia e Italia ocupadas por el ejército del III Reich durante la II Guerra Mundial?

Pero no sólo los palestinos son víctimas. También los ciudadanos del Estado israelí, sean simples demócratas pacifistas, críticos discrepantes o activos disidentes de la deriva genocida sionista. En un libro conmovedor y estremecedor, editado en Francia hace ya tres años, medio centenar de ellos elevan sus voces frente a los verdugos de esta tragedia. Sirvan de homenaje a todos y todas ellas, esta palabras de Michael Warschawski en el prólogo de esa ágora de “voces disidentes en Israel”.

Al dejar de pensar, la mayoría de los intelectuales israelíes perdieron la capacidad de distinguir el bien del mal. Cuando le pedía que utilizase su autoridad moral para hacer cesar los tiroteos sobre las ambulancias palestinas, un gran escritor de izquierdas israelí me contestó: ‘Deje de hacer moralismo; la situación exige posturas políticas, no lecciones de moral’ (…) (Pero) aún existen en Israel hombre y mujeres que rechazan ulular con los lobos. Israelíes que no aceptan hacer callar su conciencia, ni amordazar su capacidad crítica. Israelíes que resisten y luchan contra el racismo y el odio, contra la resignación y la desesperación. Israelíes que no dejaron de creer en la paz y que siguen luchando a favor de la coexistencia de los pueblos”.

Xosé-Manuel Beiras , miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es el más destacado dirigente de la izquierda nacionalista gallega. Profesor de economía en la Universidad de Santiago de Compostela, ha sido uno de los políticos más sólidos, imaginativos e independientes de la izquierda durante la transición política en el Reino de España.

Traducción para www.sinpermiso.info : Ramón Sánchez Tabares
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Bolivia: Una nueva constitución para tod@s

Este domingo, más del 60 por ciento de los bolivianos aprobaron la nueva Constitución promovida por el presidente, Evo Morales, quien afirmó que a partir de este momento "se refunda una nueva Bolivia", que reconoce un estado plurinacional y democrático.

Durante su discurso al pueblo congregado en la plaza Murillo, el mandatario manifestó que gracias a la voluntad soberana, a la conciencia del pueblo boliviano se refunda una nueva Bolivia "con igualdad de oportunidades para todos los bolivianos y bolivianas".

Asimismo, expresó su gran reconocimiento a la población que mediante su voto, su participación democrática, deciden redundar el país para un bien común.

También mencionó que el esfuerzo de todos los movimientos sociales del país, no ha sido en vano. Sin embargo, hizo especial hincapié en el esfuerzo del movimiento indígena, "el sector más excluido, marginado y humillado durante la República, que ahora es reconocido como pueblo que tiene el mismo derecho que cualquier otro ciudadano", señaló.

Morales hizo un recuento de los pasos que ha logrado su Gobierno, desde el 2005 cuando ganó las elecciones, además sostiene las transformaciones que se han dado en Bolivia como es el caso de las desigualdades.

"Del 2005 al 2009 vamos de triunfo en triunfo, los neoliberales, los vende patrias permanentemente han sido derrotados gracias a la conciencia del pueblo boliviano", ratificó.

Asimismo, precisó que en Bolivia, luego del triunfo de la nueva Constitución del Estado Boliviano "se acabó el latifundismo y los terratenientes", a través de la creación de una conciencia boliviana.

A manera de reflexión, Evo Morales declaró que está aprendiendo cada día más "para servir mejor al pueblo boliviano", al tiempo que sostuvo el lema que lo caracteriza que no es gobernar obedeciendo al pueblo boliviano.

"Esto que pasó hoy de consultar sobre temas específicos como la tenencia de tierras, re fundación de Bolivia, y ese resultado, nos compromete a seguir trabajando y mejorando para el mejor servicio de Bolivia", continuó Morales.

"Quiero que sepan que aquí se terminó el estado colonial, se acabó el colonialismo interno y externo", reiteró, al tiempo que agregó que se termina el neoliberalismo en Bolivia, "se acabó la forma de subastar los recursos naturales".

"Pueblo de Bolivia, vamos bien", exclamó el Jefe de Estado, "sólo falta mayor coordinación con los prefectos y alcaldes" de todo el territorio nacional, precisó.

Asimismo, reiteró que los servicios básicos como el agua o la energía, que son derecho humano, serán de servicio público y no privado.

Junto al vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, precisó que tienen la obligación como Gobierno de "aplicar e implementar la nueva Constitución Política del Estado Boliviano".

"Aquí empieza la nueva Bolivia, un estado con Nación, aquí empieza la libertad de para llegar a la igualdad de los bolivianos y la dignificación" en base a la nueva Carta Magna, explicó Morales.

Y con la exclamación ¡Que viva Bolivia con autonomías!, ¡Que viva la nueva Constitución del Estado Boliviano!, concluyó el discurso del presidente Evo Morales luego de un triunfo electoral de la Carta Magna que promueve.

Los resultados arrojados a boca de urna, otorgaron un 61,85 por ciento a favor del "Sí" en el referendo constitucional, lo cual se traduce en la preferencia de la mayoría de los bolivianos por dar ejecución del proyecto constitucional.

Los ciudadanos bolivianos fueron consultados sobre un documento de 411 artículos que propugna un país plurinacional, orientado a la integración indígena, autonómica y de economía, que brinda todos los derechos fundamentales que tanto requería el sector social, político y económico del país.

A través de este texto constitucional se reconocen a los 36 pueblos indígenas, además de los 36 idiomas, reconociendo un estado plurinacional que intenta reivindicar la lucha de los pueblos marginados por los gobiernos neoliberalistas.

Esta nueva Constitución amplia los derechos ciudadanos, con un modelo de democracia participativa, ejercido anteriormente por las oligarquías.

Sobre el tema del latifundio ocioso, se considera expropiable por el Estado cuando la superficie supere las 5 mil hectáreas, propuesta que se impuso ante la opción de las 10 mil hectáreas.

La votación, a la que fueron convocados 3,8 millones de bolivianos en 2 mil 816 colegios electorales, tardó poco más de ocho horas y se desarrolló sin mayores incidentes, según autoridades electorales y las del Gobierno.

 

Fuente: Kaos en la Red, 26/01/09

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Ese doble rasero

1) En Oriente Próximo son siempre los árabes quienes atacan primero, y siempre es Israel quien se defiende. Esa defensa se llama "represalia".

2) Ni árabes, ni palestinos ni libaneses tienen derecho a matar civiles. A eso se le llama "terrorismo".

3) Israel tiene derecho a matar civiles. Eso se llama "legítima defensa".

4) Cuando Israel mata civiles en masa, las potencias occidentales piden que lo haga con mayor  cuidado. Eso se llama "reacción de la comunidad internacional".

5) Ni palestinos ni libaneses tienen derecho a capturar soldados israelíes dentro de instalaciones militares con centinelas y puestos de combate. A eso hay que llamarlo "secuestro de personas indefensas"

6) Israel tiene derecho a secuestrar a cualquiera hora y en cualquier lugar a cuantos palestinos y libaneses se le antoje. Su cifra actual ronda los 10 mil, 300 de los cuales son niños y mil, mujeres. No se precisa prueba alguna de culpabilidad. Israel tiene derecho a mantener secuestrados presos indefinidamente, aunque sean autoridades democráticamente elegidas por los palestinos. A eso se le llama "encarcelamiento de terroristas". Actualmente Israel tiene diputados y ministros Palestinos presos.

7) Cuando se menciona la palabra "Hezbollah", es obligatorio añadir en la misma frase "apoyados y financiados por Siria y por Irán".

8) Cuando se menciona "Israel", está terminantemente prohibido añadir: "apoyados y financiados por los EEUU". Eso podría dar la impresión de que el conflicto es desigual y de que la existencia de Israel no corre peligro.

9) En informaciones sobre Israel, hay que evitar siempre que aparezcan las siguientes locuciones: "Territorios ocupados", "Resoluciones de la o­nU", "Violaciones de los Derechos Humanos" y "Convención de Ginebra".

10) Los palestinos, lo mismo que los libaneses, son siempre "cobardes" que se esconden entre la población civil que "no los quiere". Si duermen en casa con sus familias, eso tiene un nombre: "cobardía". Israel tiene derecho a aniquilar con bombas y misiles los barrios donde duermen. A eso se le llama "acción quirúrgica de alta precisión".

11) Los israelíes hablan mejor inglés, francés, castellano o portugués que los árabes. Por eso merecen ser entrevistados con mayor frecuencia y tener más oportunidades que los árabes para explicar al gran público las presentes reglas de redacción (de la 1 a la 10). A eso se le llama "neutralidad periodística".

12) Todas las personas que no están de acuerdo con las sobredichas Reglas, son, y así debe hacerse constar, "terroristas antisemitas de alta peligrosidad".

Fuente: Kaos en la Red, 25/01/09

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El proceso de construcción de la mentalidad colonial

Victoria Bunch

Llegué a Israel hace 40 años. Me llevó muchos años comprender que la existencia de mi país en su forma actual se basa en una continua limpieza étnica de la población palestina. El proyecto se inició hace muchos años. Sus semillas se remontan a la falacia fundacional del movimiento sionista, que se propuso establecer un Estado nacional judío en un lugar habitado por otra nación. En estas condiciones a uno le asiste, a lo sumo, el derecho moral de luchar por un Estado binacional. El establecimiento de un Estado nacional implica más o menos por definición la depuración étnica de los anteriores habitantes.

Albert Einstein se percató de esta falacia hace mucho tiempo. Poco después de la Primera Guerra Mundial, "Einstein se quejó de que los sionistas no estaban haciendo lo suficiente para llegar a un acuerdo con los árabes palestinos ... Él era partidario de una solución binacional en Palestina y previno a Chaim Weizmann contra el nacionalismo de "estilo prusiano»". [1]

Pero el movimiento sionista hizo oídos sordos a esas advertencias. Así que aquí estamos, casi un siglo después, con un Estado nacional judío dominado por nacionalistas militaristas y por militantes entregados con celo a la tarea de colonizar y "judeizar" el territorio bajo control israelí a ambos lados de la Línea Verde (la frontera de 1967). El proyecto ha sido llevado adelante ininterrumpidamente y sin descanso por parte de todos los diversos gobiernos israelíes, recientemente al amparo de unas "negociaciones" de pacotilla con el Presidente Abbas. La mayoría de las instituciones israelíes participan en dicho proyecto. Generación tras generación, los jóvenes israelíes ingresan en el ejército para ofrecerle la cobertura militar necesaria. La muchachada israelí ha sido sometida a un lavado de cerebro para que pueda creer honestamente que el ejército lucha "por la existencia de Israel". Sin embargo, en opinión de la autora de este artículo y de muchas otras personas parece evidente que la supervivencia de la comunidad judía en este país depende de establecer mecanismos viables de convivencia con los palestinos. De modo que bajo el lema de "lucha por la existencia" el Estado de Israel está llevando a cabo un proyecto de naturaleza esencialmente suicida.

Esta perspectiva de larga data que permea la visión de las clases gobernantes israelíes quedó resumida sucintamente en un libro recientemente publicado por un académico estadounidense llamado Saree Makdisi: Palestina Inside Out. El libro "sugiere que la ocupación no es más que otro rasgo más de la vigente política israelí de expulsar lentamente de sus tierras a la población nativa palestina. Esta política es anterior a la fundación del Estado y todas las prácticas que desarrollan los ocupantes (asentamientos ilegales, confiscación de tierras, demolición de viviendas, etc.) sirven a ese objetivo final". [2]

Si usted descree de la afirmación anterior deténgase a considerar una serie de declaraciones realizadas por el propio David Ben Gurion en una época anterior incluso a la creación del Estado de Israel (Ben Gurion fue líder del movimiento sionista antes de 1948 y el primer Primer Ministro de Israel a partir de 1948):

"La transferencia forzosa de los árabes [palestinos] de los valles del Estado judío propuesto [por el plan de partición de la o­nU] podría darnos algo que nunca tuvimos, ni siquiera cuando vivíamos en nuestra propia tierra en la época del primer y segundo Templos... Nos están dando una oportunidad con la que jamás nos atrevimos a soñar ni en nuestras más descabelladas fantasías. Esto es más que un Estado, gobierno y soberanía: esto es la consolidación nacional en una patria libre". [3]

"Gracias a la transferencia forzosa [de la población nativa palestina, dispondríamos de] un vasto territorio [para establecer asentamientos]... Yo apoyo la transferencia forzosa. No veo nada inmoral en ella". [3]

Durante la guerra de 1948 cerca de dos tercios de los palestinos que acabarían convirtiéndose en refugiados fueron expulsados de sus hogares por el incipiente ejército israelí y un tercio se convirtieron en refugiados para escapar de los peligros de la guerra. A toda esta gente (entre 750.000 y 1.000.000 de personas) se les impidió regresar a Israel tras el acuerdo de armisticio. Sus casas y bienes fueron arrasados o apropiados por el Estado israelí.

Entre los habituales mantras que recitan los israelíes para justificar lo anterior figura éste: "Israel aceptó el plan de partición de la o­nU y los árabes no, por lo que todo lo que ocurrió después es culpa los árabes". Lo que taimadamente se omite al decir eso es que los árabes palestinos constituían entre un tercio y la mitad de la población del territorio asignado al hogar nacional judío (según diversos informes de las Naciones Unidas). ¿Por qué deberían estas personas, cuyos antepasados vivieron allí durante generaciones, aceptar vivir en una patria ajena? Imagínese, por ejemplo, la reacción de los franceses belgas si la o­nU designara a su país como "hogar nacional flamenco".

Pero el principal mantra con el que se aporrea la conciencia de cada ciudadano israelí desde el jardín de infancia es el argumento de que en 1948 se trataba de "o ellos o nosotros", "los árabes nos habrían arrojado en el mar si no hubiéramos establecido un Estado de mayoría judía y no hubiéramos creado un ejército poderoso", etc. Tengo mis dudas sobre ese sonsonete, pero supongamos que por un momento que las cosas hubieran sido efectivamente así. Entonces llegó el año 1967 y la Guerra de los Seis Días. Otro capítulo en la "lucha por la existencia" de Israel en contra de árabes recalcitrantes que seguían intentando arrojarnos al mar. En un primer momento eso es lo que parecía. Yo, al igual que la mayoría de mis compatriotas, me creí durante muchos años que 1967 fue de hecho un momento de peligro existencial para Israel. Hasta que me tropecé con algunas elocuentes palabras pronunciadas por nuestros propios líderes [4]: "(a) The New York Times citó el discurso que el Primer Ministro Menachem Begin (1977-83) pronunció en agosto de 1982 y en el que dijo: «En junio de 1967 tuvimos una elección. Las concentraciones del ejército egipcio en el Sinaí no constituían una prueba de que (el Presidente Gamal Abdel) Nasser (1956-70) estuviera realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo nosotros».

(b) En febrero de 1968 Yitzhak Rabin, dos veces Primer Ministro de Israel (1974-77 y 1992-95), confesó lo siguiente al diario francés Le Monde: «No creo que Nasser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí el 14 de mayo no habrían sido suficientes para iniciar una ofensiva contra Israel. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos».

(c) El general Mordejai Hod, Comandante de la Fuerza Aérea israelí durante la Guerra de los Seis Días, dijo en 1978: "Aquellos ochenta minutos iniciales [de la guerra de los Seis Días] fueron el resultado de 16 años de planificación. Vivíamos con el plan, dormíamos con el plan, comíamos el plan. Lo íbamos perfeccionando constantemente».

(d) El general Haim Barlev, jefe del ejército israelí, dijo a Ma ariv en abril de 1972: «En vísperas de la Guerra de los Seis Días no nos amenazaba ningún genocidio y jamás barajamos esa posibilidad".

Así pues, en lugar de "frustrar un peligro existencial" en 1967 el Estado de Israel llevó a cabo una operación militar efectiva para apoderarse de más territorio. No hay nada nuevo en esa propaganda sobre el supuesto "peligro existencial". Antes que los israelíes muchos otros conquistadores y ocupantes a lo largo de la Historia Antigua y Moderna maquillaron la adquisición de territorio por medio de la conquista embelleciéndola con eufemismos agradables tales como "destino manifiesto", "carga del hombre blanco", "difundir la verdadera religión / la cultura / la democracia", o lo que fuere.

Al lector tal vez le interese saber que la conquista de territorios realizada en 1967 por el Estado de Israel había sido vaticinada veinte años antes por Ben-Gurion en la época del plan de partición (supuestamente aceptado por los dirigentes sionistas). Véanse las siguientes citas de Ben-Gurion, recopiladas en el libro de un historiador israelí [5]:

"Así como no veo en el Estado judío propuesto una solución definitiva a los problemas del pueblo judío, igualmente no veo la partición como la solución definitiva de la cuestión de Palestina. Los que rechazan la partición tienen razón al afirmar que este país no puede ser dividido porque constituye una unidad, no sólo desde un punto de vista histórico sino también desde el punto de vista físico y económico".

"Una vez establecido el Estado [judío] crearemos un gran ejército, aboliremos la partición y nos expandiremos a toda Palestina".

Me pregunto si en algún momento de la historia ha habido alguna asociación de personas que se haya apropiado de bienes ajenos por la fuerza bruta y que se hayan juzgado a sí mismos con tanta indulgencia. Una y otra vez los conquistadores se han considerado a sí mismos como víctimas involuntarias de las circunstancias y de los bárbaros (¡sus propias víctimas!) contra los que lamentablemente tienen que proteger sus derechos. Considérense las siguientes manifestaciones de Benny Morris, un historiador que documentó la limpieza étnica de 1948. En una entrevista a Morris del año 2004 publicada en Haaretz se puede leer lo siguiente [6]:

"Q: El título del libro que ahora está publicando usted en hebreo es "Víctimas". Así pues, finalmente su argumento es que de las dos víctimas de este conflicto, nosotros [los israelíes] somos las mayores.

Morris: Sí. Exactamente. Somos las mayores víctimas a lo largo de la historia y también las mayores víctimas potenciales. Aunque estamos oprimiendo a los palestinos somos la parte más débil aquí. Somos una pequeña minoría en medio de un océano de árabes hostiles que nos quieren eliminar".

Esta opinión es representativa de la corriente de pensamiento mayoritaria en Israel. Con el paso de los años ha sido elevada a la categoría de axioma y probablemente ninguna oferta razonable de paz (por ejemplo la última oferta Saudí) será capaz de hacer mella en ella. Los israelíes están usando este eslogan para eximirse a sí mismos de la obligación humana de comportarse decentemente con los palestinos. La mayoría de judíos de Israel se han autoconvencido de que tienen un derecho moral a expropiar y expulsar a los palestinos porque los palestinos son tan bárbaros que no respondieron a las "generosas ofertas de paz" de Israel y "sólo querían arrojarnos al mar". Porque somos una nación de supervivientes del Holocausto. Mis compatriotas se veían a sí mismos como protagonistas de una versión moderna de "El Señor de los Anillos" de Tolkien, protagonizándola, por supuesto, como hermosos elfos forzados por su adverso destino a combatir a los feos íncubos palestinos (íncubos = "terroristas"). La piedad humana no se aplica a los "terroristas". Nadie hace concesiones territoriales o acuerdos de paz con "terroristas".

Lo anterior explica la masiva participación de los, por lo demás, normales y más o menos decentes israelíes en los programas de limpieza étnica actualmente en marcha. ¿Cómo si no se puede explicar que un anciano moribundo y su esposa sean sacados por la fuerza de su apartamento en Jerusalén oriental para hacer sitio a los colonos judíos? ¿Cómo comprender que el "Museo de la Tolerancia" se construya en Jerusalén sobre el solar de un antiguo cementerio musulmán? ¿O la ofensiva israelí en Cisjordania contra los orfanatos mantenidos por organismos de beneficencia islámicos? ¿O los progromos que perpetran en Hebrón y en otras partes de los territorios ocupados gángsters-colonos judíos financiados por el Estado de Israel? ¿O el sadismo generalizado con el que los soldados israelíes tratan a los detenidos palestinos? ¿O los asaltos a los hogares palestinos durante incursiones militares nocturnas en ciudades y aldeas palestinas? ¿O las demoliciones de hogares palestinos en Cisjordania y Jerusalén oriental con el obsceno pretexto de ser "construcciones ilegales"? ¿O el sistemático latrocinio de tierras palestinas para beneficio de los colonos judíos? Y así muchas cosas más [7].

La Franja de Gaza es el lugar donde el sadismo israelí con ínfulas de superioridad moral ha alcanzado nuevas cotas. La Franja está densamente poblada, en su mayor parte por descendientes de los palestinos expulsados en 1948. Mucho antes de la segunda Intifada los israelíes confiscaron lo más selecto del territorio de Gaza a lo largo de la playa (cerca de ¼ de la superficie de la Franja) para asentar allí a unos pocos miles de colonos judíos. Así y todo, un millón y medio de palestinos de Gaza llevaban un tipo de vida normal (bajo ocupación israelí) cultivando frutas y verduras, fabricando materiales de construcción y otros productos para el mercado israelí y trabajando como jornaleros en el interior de la Línea Verde. Antes de la segunda Intifada a Israel llegaba muy poco terror procedente de Gaza.

Sin embargo, desde el comienzo de la Intifada (año y medio antes de que los palestinos lanzaran el primer cohete contra territorio israelí) el ejército israelí inició la destrucción sistemática de la Franja. Los israelíes llevaron a cabo incursiones cada pocas semanas y destruyeron fábricas y talleres, carreteras, labranzas, casas, y todo lo que se les ocurriera. Los israelíes cerraron el acceso de los gazatíes a la economía israelí. Finalmente, los desesperados palestinos recurrieron a disparar cohetes Kassam que rara vez causaban víctimas o daños reales pero que servían como excelentes pretextos para la "acción" militar israelí".

Y entonces Sharon ejecutó su brillante movimiento de propaganda: la "desconexión" de Gaza. Toda la operación se vendió como una prueba de la buena voluntad israelí. Los asentamientos israelíes de Gaza fueron efectivamente eliminados, pero el ejército se desplegó alrededor de la Franja y la convirtió en una gigantesca prisión. El estrangulamiento económico de Gaza se intensificó hasta niveles draconianos, especialmente después de que el gobierno de Hamas abortara el putsch de Fatah que habían auspiciado al alimón Israel y USA. (No soy fan de Hamás, pero su gobierno fue elegido democráticamente por los palestinos). Hamas propuso en varias ocasiones iniciar negociaciones con Israel sobre la base de las fronteras de 1967, pero los israelíes limitaron al máximo la difusión de esas propuestas de Hamas e hicieron caso omiso de ellas. Con toda seguridad esas negociaciones habrían conseguido detener el lanzamiento de Kassams, pero los dirigentes israelíes parecían interesados en que la violencia continuara. Los Kassam crearon una gran oportunidad para degustar otra ración de la propaganda del "pobres de nosotros" y fueron una gran excusa para evitar satisfacer las legítimas exigencias internacionales reclamando el fin de la masiva colonización de Cisjordania.

Por último, se negoció una tregua con Hamas. Desde el comienzo de la tregua el ministro de Defensa israelí Barak inició los preparativos para un ataque masivo contra Gaza [8]. El 14 de noviembre la tregua con Hamas fue rota deliberadamente por orden de Barak cuando los israelíes mataron a varios combatientes de Hamas. A esas muertes siguió una respuesta palestina totalmente previsible: la cancelación de la tregua y una salva de cohetes. El bombardeo fue utilizado por Barak como pretexto para justificar una operación a gran escala que incluía la masacre de cientos de gazatíes con misiles lanzados desde aviones. Esta exhibición de fuerza forma evidentemente parte de la próxima campaña electoral de Barak y Livni, al precio de centenares de bajas palestinas y de algunas israelíes (pues en el ínterin los palestinos han mejorado su puntería). En una próxima operación terrestre los soldados israelíes también son susceptibles de pagar con sus vidas esta modalidad de campaña electoral.

¿Saben cómo interpreta todo lo anterior el israelí de a pie? Así: «Nosotros, los israelíes, en un acto de auto-sacrificio, expulsamos a pobres colonos judíos de sus "hogares" en la Franja de Gaza y les dimos a los palestinos una oportunidad de vivir una existencia libre y feliz. Pero los palestinos rechazaron nuestros esfuerzos de paz y prefirieron seguir alimentando su adicción a "arrojar judíos al mar". Gaza podía haberse convertido en una nueva Singapur, pero en lugar de eso los gazatíes prefirieron disparar cohetes contra los israelíes".

La retirada israelí de Gaza fue así un movimiento brillante por parte de ese genio del mal llamado Sharon. Proporcionó al israelí medio una absolución moral general. Los palestinos les habían "decepcionado". Ahora los dirigentes israelíes pueden hacer con los palestinos lo que les plazca. No esperen ni la más mínima protesta pública por parte del público judío israelí, a excepción de una pequeña minoría de "judíos auto-odiadores" como la persona que suscribe.

Créanme, estos judíos israelíes que se inscriben en la corriente de pensamiento mayoritario no son monstruos congénitos. Simplemente, no conocen nada mejor. Desgraciadamente yo solía ser una de ellos. Entonces un día me tropecé en Cisjordania, más o menos por casualidad, con un grupo de activistas. Hice algunos amigos palestinos y finalmente llegué a comprender el carácter criminal del trato que inflinge mi país a los palestinos. Y he aprendido a hacer caso omiso de la dosis diaria de propaganda absurda que los medio de comunicación suministran a mis compatriotas en lugar de noticias. Pero, ¿cómo convencer a mis compatriotas de que no escuchen esa propaganda? No lo sé.

Por otra parte, no tiene por qué ser así. Además de los cuatro o más millones de palestinos apátridas que viven en los territorios ocupados hay cerca de un millón de palestinos que viven dentro de la Línea Verde y que tienen ciudadanía israelí. A pesar del considerable racismo interior, muchos de esos ciudadanos palestinos están profundamente implicados en la sociedad israelí. Hay médicos y enfermeras árabes en los hospitales israelíes, estudiantes árabes en las universidades israelíes, etc. Existe un notable grado de coexistencia y cooperación entre judíos y árabes allí. Pero un colega judío de la corriente mayoritaria que podría tratar a su compañero de trabajo árabe de forma perfectamente decente seguiría estando orgulloso de un hijo soldado que se encontrara "sirviendo al país" en los Territorios Ocupados. Él o ella seguiría repitiendo la propaganda racista sobre el "peligro demográfico" representado para el Estado de Israel por sus ciudadanos árabes, se creería los sanguinarios discursos televisivos de los generales y ex-generales, y votaría por cualquiera de los tres principales partidos sionistas, el Likud, Kadima y el Laborista, cuyos dirigentes llevan años entregados a tareas de limpieza étnica.

Por el bien de las dos naciones que viven en este país esta ignominia debe cesar. Debe ser detenida por la presión externa, porque dentro de Israel en la actualidad no existen fuerzas políticas significativas capaces de plantarle cara. Por favor, amigos míos, hagan algo, y háganlo urgentemente. Y, por favor, hagan caso omiso de las eternas "negociaciones" entre nuestro gobierno y la impotente Autoridad Palestina: no son más que una tapadera para avanzar aún más en la pieza étnica. Si no me creen, vengan a ver la masiva construcción de asentamientos en Jerusalén oriental y Cisjordania y los muros de los guetos palestinos.

(*) Victoria Buch es académica israelí y activista del movimiento contra la Ocupación. Su correo electrónico es: vvbb54@yahoo.com

Notas:

[1] La Piedad de Todo, libro de Amos Elon sobre los judíos alemanes.

[2] De una reseña sobre el libro de Makdisi: Inside Out Palestina, Lena Tuffaha Khalaf, IMEU 2008.

[3] Las víctimas justas, de Benny Morris

[4] Recopilados por Stephen Lendman. Véase: http://www.zmag.org/znet/viewArticle/15348) [5] El nacimiento de Israel: Mitos y realidades, de Simha Flapan

[6] El texto completo de la entrevista se encuentra en el sitio web de Counterpunch

[7] *Se puede encontrar información, por ejemplo en la revista Ocupación, sitio web del movimiento activista israelí contra la Ocupación.

[8] Desinformación, secretismo y mentiras: cómo se urdió la ofensiva contra Gaza, de Barak Ravid, Haaretz http://www.haaretz.com/hasen/spages/1050426.html

 

Fuente: Kaos en la Red, 25/01/09

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Boicot a la BBC

Lourdes Gómez - Londres

La BBC mantuvo anoche su negativa a emitir un anuncio destinado a recaudar fondos para Gaza pese a la presión del Gobierno y diversos colectivos del Reino Unido. La corporación estatal vetó la campaña humanitaria por miedo a romper la imagen y ética de imparcialidad en su cobertura de un polémico y aún candente conflicto.

La posición de la BBC forzó inicialmente la mano de las cadenas comerciales británicas, aunque ayer estas últimas dieron un giro y anunciaron que emitirán el mensaje de varias fundaciones benéficas englobadas en el Comité de Emergencia ante Desastres.

El Comité necesita la colaboración de la BBC para maximizar las donaciones por cualquier causa benéfica. El foco de la campaña actual apunta a Gaza, donde medio millar de mujeres y niños han muerto en los ataques de las fuerzas de seguridad de Israel. Sus responsables han reiterado que el móvil político nada tiene que ver con sus objetivos, pero el ente estatal seguía anoche atrincherado en su inusual intransigencia a ceder espacio a una causa humanitaria.

Corremos el riesgo de poner en cuestión la confianza del público en la imparcialidad de la BBC en la cobertura de la historia en su conjunto”, defendió el director de la corporación, Mark Thompson.

Forzó a las demás a negarse

Por lo general, las cadenas británicas llegan a un acuerdo sobre este tipo de anuncios humanitarios. Esta vez, la BBC se opuso a colaborar con el Comité debido la cercanía de la invasión israelí del territorio palestino controlado por Hamás. La posición de la BBC forzó un extraño consenso de las televisiones en contra de la emisión de un mensaje unitario en ayuda de la población de Gaza.

El Gobierno pidió a las televisiones que reconsideraran la situación y la gente se echó ayer a la calle: ´Qué vergüenza, BBC´, gritaban muchos. El veterano político laborista, Tony Benn, se unió a los manifestantes y argumentó que “no podemos ignorar el sufrimiento en interés de lo que la BBC llama imparcialidad”.

“No podemos permitir que otros mueran cuando tenemos la oportunidad de salvarles la vida”, añadió. A media tarde, las tres cadenas comerciales generales- ITV, Channel 4 y Channel 5- anunciaron que emitirán la campaña. La televisión de pago Sky indicó que se replanteara el veto inicial. La BBC se quedó sola en su negativa.

Fuente: Público, 25/01/09

Comentario

La bajeza humana no tiene límites.. imparcialidad se le llama ahora no ver la injusticia ni el genocidio sin razón ni nombre.

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Actúa: Firma la petición para que Israel sea juzgado por la Corte Penal Internacional

Alrededor de 300 ONG y asociaciones van a solicitar que el Fiscal de la Corte Penal Internacional investigue los crímenes de guerra cometidos por Israel en Gaza. El apoyo de la ciudadanía es indispensable. Se ruega firmar y difundir esta «petición universal». Es urgente.

 

Al Fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI)

El Derecho es la marca de la civilización humana. Cada progreso de la humanidad ha coincidido con la consolidación del Derecho. El desafío que nos impone la agresión de Israel contra Gaza consiste en afirmar, en medio del sufrimiento, que a la violencia debe responder la justicia.

¿Crímenes de guerra? Únicamente los tribunales pueden condenar. Pero todos debemos dar testimonio, pues el ser humano sólo existe en su relación con los demás. Las circunstancias dan toda su dimensión al artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros».

La protección de los pueblos, no la de los Estados, es la razón de ser de la Corte Penal Internacional. Un pueblo sin Estado es el más indefenso de todos y, ante la Historia, se encuentra situado bajo la protección de las instancias internacionales. El pueblo más vulnerable debe ser el mejor protegido. Al asesinar a la población civil Palestina, los carros de combate israelíes hacen sangrar a la humanidad. Hemos militado para que el poder del Fiscal general esté al servicio de todas las víctimas y esta competencia debe permitir que el mundo entero reciba un mensaje de esperanza, el de la construcción de un Derecho Internacional basado en el derecho de las personas. Y, juntos, un día podremos rendir homenaje al pueblo palestino por todo lo que ha aportado a la defensa de las libertades humanas.

 

ACTÚA AQUÍ

 

Comentario

Israel podrá cuidar a sus soldados pero de ésta no les salva nadie.